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Mario Burgos se va: el fiscal que llevó los juicios a la pantalla chica

Fuente: El Colombiano - Colombia
Mario Burgos se va: el fiscal que llevó los juicios a la pantalla chica
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Después de 12 años en la Fiscalía, Mario Burgos renunció esta semana mediante una carta. El pastuso se convirtió en una de las caras más visibles de la entidad durante la administración Barbosa, ganando fama por casos mediáticos como el de Mauricio Leal, Sergio Urrego y el asesinato del fiscal paraguayo Marcelo Pecci. Su carrera se vio marcada por su capacidad de transformar procesos judiciales en espectáculos públicos seguidos por millones de colombianos, una habilidad que lo llevó también a involucrarse políticamente con el caso contra Nicolás Petro.

Mario Burgos es de esos hombres que prepara la ropa del día siguiente antes de dormir. Elige el traje, coordina la corbata, verifica que las medias combinen y organiza los zapatos Ferragamo como quien se apresta para un acto ceremonial. No es casualidad. Todo en él responde a una estrategia calculada: desde su obsesión por las marcas hasta su forma de proyectar autoridad apenas atraviesa las puertas de una sala de audiencias. También tiene facilidad para hablarse a sí mismo en términos gigantescos. Una vez se comparó con James Rodríguez. "Yo soy el 10, un crack", soltó sin ninguna vergüenza. Incluso sostiene que el futbolista le escribe mensajes.

Así es Mario Burgos, el fiscal que durante años fue prácticamente una celebridad dentro de la Fiscalía General. Un personaje que genera admiración en unos y fastidio en otros, con una seguridad que roza la arrogancia, vanidoso y competitivo hasta incomodar a sus propios colegas. Está convencido de que en el derecho penal hay que imponer autoridad antes incluso de abrir la boca en un juicio. Esta semana anunció su renuncia tras 12 años en la entidad, mediante una carta de dos páginas que cierra una etapa profesional repleta de casos de enorme impacto nacional.

Su ascenso en la institución aceleró cuando conoció a Martha Mancera, exvicefiscal general, en la Unidad Especial de Investigación. Desde ese momento se convirtió en uno de los hombres cercanos al círculo de poder de la Fiscalía bajo Francisco Barbosa. Tenía expedientes grandes, visibilidad mediática y acceso directo a las cabezas de la entidad. Pero lo que realmente definió su trayectoria fue su talento innato para convertir procesos judicales en espectáculos públicos seguidos por millones de personas.

El primer caso que lo proyectó fue el crimen del estilista Mauricio Leal y su madre, Marleny Hernández. El país entero se enganchó con la historia del peluquero de famosos encontrado muerto en su casa en La Calera en noviembre de 2021. Tras semanas de hipótesis sobre suicidio, robo y conspiraciones familiares, la investigación apuntó al hermano Jhonier Leal. Burgos se robó todas las cámaras en las audiencias. Cuando Jhonier aceptó cargos, el momento se volvió viral. Millones vieron en vivo cómo el fiscal relataba los detalles de su teoría del crimen. "Míreme a los ojos", le exigía Burgos a Leal mientras le imputaba los cargos. Después Jhonier se retractó y el proceso se puso aún más mediático. Finalmente fue condenado a más de 55 años. El fiscal Barbosa elogió públicamente a Burgos y dijo que el país había presenciado en directo el trabajo de la Fiscalía. Ahí nació el mito del "fiscal estrella".

Años después llevó el caso de Sergio Urrego, el adolescente que se suicidó tras sufrir discriminación por ser homosexual en el colegio Gimnasio Castillo Campestre. Burgos lideró una batalla jurídica extensa contra la rectora Amanda Azucena Castillo, con apelaciones y críticas que se extendieron años. Finalmente en 2021 la justicia reconoció la responsabilidad de la institución educativa en el acoso que enfrentó Sergio. El expediente quedó como símbolo de la lucha contra el bullying en Colombia. También asumió el asesinato del fiscal paraguayo Marcelo Pecci en una playa de Barú durante su luna de miel, un crimen que estremeció a América Latina. Burgos logró capturar y judicializar a varios de los involucrados en la ejecución, aunque preguntas sobre los autores intelectuales quedaron sin respuesta.

No todos sus casos fueron rodeados de aplausos. El de Santiago Murillo, el joven muerto durante el paro nacional de 2021 tras recibir un disparo presuntamente hecho por el mayor Jorge Mario Molano, le dejó críticas fuertes de sectores de derechos humanos que cuestionaron su manejo. Pero ningún expediente lo metió tanto en la política como el proceso contra Nicolás Petro. El hijo del Presidente fue capturado y procesado por presunto lavado de activos y enriquecimiento ilícito tras revelaciones de su exesposa sobre ingresos irregulares a la campaña presidencial. Burgos pasó de ser un fiscal famoso a convertirse en un actor político involuntario. Desde entonces la tensión con el petrismo fue clara. Él mismo ha dicho que Petro "no lo debe querer mucho" e insistió en que nunca se dejó intimidar.

En público y en privado mantiene una convicción fija: cree estar por encima de muchos colegas. Sostiene que para ganar un caso hay que sentirse superior a la contraparte. Acepta que lo llamen pedante y prepotente, pero lo ve como consecuencia natural "de saber más que otros litigantes". En el estrado esa personalidad brilla a todo color. Interrumpe, confronta, defiende sus teorías con agresividad. Unos lo ven como brillante, otros simplemente lo consideran insoportable. Él parece estar cómodo en ambos roles. Su renuncia no es la salida silenciosa de un funcionario cualquiera. Se va alguien que transformó expedientes judicales en fenómenos mediáticos, que disfrutó la fama, que entendió el poder de las cámaras y que construyó un personaje alrededor de sí mismo. Uno que nunca quiso pasar desapercibido y que seguramente tampoco sabría cómo hacerlo.

Fuente original: El Colombiano - Colombia

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