Luz matutina y rutina: cómo mejorar el sueño cuando envejecemos

El envejecimiento reduce la profundidad del sueño y aumenta los despertares nocturnos debido a cambios en el cerebro y el reloj interno. Sin embargo, existen estrategias efectivas como la exposición a luz matutina, mantener horarios regulares y hacer ejercicio físico que pueden mejorar significativamente la calidad del descanso. Es importante identificar y tratar causas específicas como dolor crónico o problemas respiratorios, evitando medicamentos para dormir que en adultos mayores generan riesgos de caídas y deterioro cognitivo.
Con los años, dormir profundamente se vuelve más complicado. Los despertares nocturnos se hacen frecuentes, cualquier ruido interrumpe el descanso y la sensación de sueño ligero es constante. Pero esto no es solo una percepción: los científicos han confirmado que el envejecimiento produce cambios reales en cómo dormimos.
Para entender qué sucede, es útil conocer cómo funciona el sueño. Nuestro descanso se organiza en ciclos que alternan entre sueño REM (cuando el cerebro está muy activo) y sueño no REM, que representa entre el 75 y 80 por ciento del descanso total y es cuando el cuerpo recupera energía. Este último se divide en tres fases: el adormecimiento ligero, el sueño ligero donde baja la temperatura y los latidos del corazón, y el sueño profundo, que es especialmente importante para la recuperación física y mental.
A partir de la edad adulta media ocurre algo significativo: el sueño profundo disminuye gradualmente mientras aumentan los despertares. Esto explica esa sensación de "sueño ligero" que reportan muchas personas mayores. El cerebro mantiene el sueño mediante redes neuronales que inhiben la vigilia y protegen contra estímulos externos, pero estas redes se vuelven menos eficaces con el tiempo. Además, el reloj interno del cuerpo, encargado de regular los ciclos de sueño y vigilia, envejece: se adelanta la sensación de sueño por la tarde y disminuyen las señales que inducen el descanso nocturno, como la melatonina.
Más allá del envejecimiento biológico, existen otros factores que fragmentan el sueño en las personas mayores: el dolor crónico, enfermedades respiratorias o cardíacas, la necesidad frecuente de orinar por la noche y ciertos medicamentos que alteran el descanso.
La buena noticia es que hay estrategias comprobadas para mejorar la situación. La más importante es la exposición a luz natural por la mañana, que actúa como el principal sincronizador del ritmo circadiano y ayuda a consolidar el sueño nocturno. También es clave mantener horarios regulares de acostarse y levantarse, incluso los fines de semana, porque el cerebro envejecido depende más de estas señales externas. La actividad física regular, especialmente durante el día, contribuye a generar suficiente "hambre de sueño" que facilita un descanso más profundo y continuo.
Cuando el sueño ligero se acompaña de somnolencia diurna intensa, ronquidos con pausas respiratorias, despertares por sensación de ahogo, movimientos molestos en las piernas o impacto significativo en la calidad de vida, es importante consultar con un médico. En muchos casos, el tratamiento de las causas específicas (dolor crónico, reflujo, problemas urinarios, apnea del sueño) puede mejorar notablemente el descanso sin necesidad de medicamentos para dormir. Estos fármacos en personas mayores se asocian con mayor riesgo de caídas, deterioro cognitivo y confusión, razón por la cual los especialistas recomiendan evitar su uso prolongado en este grupo de edad.
Fuente original: El Tiempo - Salud