Los hutíes vuelven a la ofensiva: la amenaza de cerrar el comercio marítimo mundial

Los rebeldes hutíes de Yemen, aliados de Irán, han reactivado sus ataques contra Israel después de casi un año de inactividad. Su verdadera amenaza no está en los misiles que disparan, sino en su capacidad de bloquear el estrecho de Bab el-Mandeb, por donde circula entre el 10% y 15% del comercio marítimo global. Un cierre simultáneo de este estrecho y el de Ormuz podría suspender casi un tercio del suministro energético mundial, con consecuencias catastróficas para la economía global.
Después de casi un año en silencio, los hutíes están de vuelta. La milicia chiita que busca consolidar su control en Yemen ha vuelto a disparar misiles contra Israel, pero según expertos internacionales, estos ataques son apenas una advertencia de lo que realmente pueden hacer: estrangular el transporte marítimo que sostiene la economía global. Los proyectiles lanzados no causaron daños, pero marcan el fin de una pausa estratégica que comenzó cuando Donald Trump ordenó una ofensiva aérea contra el grupo hace poco más de un año, cuando gobernaba por primera vez.
El silencio relativo de los hutíes durante los últimos meses probablemente obedeció a una estrategia de rearme. Juan Belikow, especialista en Seguridad Internacional del Centro Latinoamericano de Innovación en Políticas Públicas, explica que "es probable que durante este tiempo Irán estuviera equipando de nuevo a los hutíes, racionalizando su respuesta para no diezmar sus arsenales". Belikow añade que Estados Unidos ha gastado unos 600 misiles Tomahawk en la guerra de Oriente Medio, mientras que su capacidad de producción apenas llega a 90 al año, lo que da pistas sobre el agotamiento de inventarios que Irán intenta evitar. Lo interesante es que los hutíes no necesitan armamento sofisticado para causar daño. Con impresoras 3D y software específico pueden fabricar drones artesanales hechos de cartón y madera, una técnica similar a la que usa Ucrania contra Rusia. Estos aparatos pueden ser operados por fibra óptica con alcance de 15 a 20 kilómetros, lo que los hace prácticamente indetectables para los radares tradicionales.
La reactivación llega en un momento en que Israel está debilitado por comprometerse en múltiples frentes: ataques desde Irán y operaciones contra Hezbolá en el Líbano. Además, los hutíes mantienen una guerra de largo aliento contra Arabia Saudita desde 2015, conflicto que ha dejado cientos de miles de muertos y millones de desplazados. Desde su posición en Yemen, tienen una ventaja geográfica única: pueden impactar la infraestructura energética, centros de datos y plantas desalinizadoras del Golfo Pérsico, algo que Irán no puede hacer con tanta facilidad.
Pero hay otra razón que podría explicar el resurgimiento de los hutíes: dinero. El grupo podría estar siguiendo el modelo de Irán, que ha comenzado a cobrar una especie de peaje por permitir el paso de barcos a través del estrecho de Ormuz. Los hutíes tienen experiencia reciente en bloquear el estrecho de Bab el-Mandeb durante el conflicto de Gaza, cuando lograron reducir el transporte marítimo hacia el canal de Suez en un 70% durante 2024. "Los hutíes son aliados tácticos de Irán, pero a diferencia de otros grupos como Hamás y Hezbolá, ellos tienen su agenda propia", aclara Belikow. Son autónomos y podrían bien estar pensando en financiarse mediante el control de este paso estratégico.
El contexto internacional juega a favor de los hutíes. Después de la invasión rusa a Ucrania y los conflictos en Oriente Medio, las reglas internacionales parecen más difusas que nunca. Trump mismo ha admitido que "no hay reglas", e Israel actúa con relativa impunidad en un conflicto técnicamente ilegal. Los hutíes podrían pensar lógicamente: si todos hacen lo que quieren, ¿por qué nosotros no?
Las consecuencias de un bloqueo real serían catastróficas. Por el estrecho de Bab el-Mandeb de apenas 25 kilómetros de ancho transita el 10% del petróleo mundial. Si se suma el 20% que ya está atrapado en el cuello de botella del estrecho de Ormuz, casi un tercio del suministro energético global quedaría suspendido. Pero hay más: este estrecho conecta con el Mar Rojo y el canal de Suez, una de las arterias principales del comercio internacional. Una interrupción completa dejaría a Europa y Asia aisladas de provisiones vitales.
El impacto en la agricultura sería especialmente grave. Más del 40% de la úrea mundial, un fertilizante esencial, pasa por esta región. Como advierte Belikow, "si en tres o cuatro semanas no llega el fertilizante, la cosecha va a estar entre 40 y 70% por debajo de la producción del año anterior". Curiosamente, la escasez de fertilizantes podría beneficiar a Rusia, el otro gran proveedor mundial de úrea, que vería aliviadas las sanciones internacionales si el mundo necesita desesperadamente sus productos. En un escenario así, nadie ganaría realmente, pero algunos perderían menos que otros.
Fuente original: France 24 - Medio Oriente



