Los conflictos mundiales apartan la atención del cambio climático, advierte meteoróloga

La doctora en Ciencias Físicas María del Mar Gómez alerta que los conflictos internacionales han desplazado la urgencia del cambio climático de la agenda política global. Afirma que aunque ya se han superado siete de nueve puntos límites climáticos, aún hay tiempo para evitar una catástrofe total si se detiene completamente la emisión de gases de efecto invernadero. Explica que el calentamiento ya está ocurriendo en el presente, no es un problema futuro, y que la falta de percepción de urgencia inmediata, a diferencia de lo que pasó con la capa de ozono, retrasa las acciones necesarias.
Mientras el mundo sigue enfocado en conflictos geopolíticos entre Rusia y Ucrania, Israel y Palestina, y tensiones entre Estados Unidos e Irán, el cambio climático ha quedado rezagado en la agenda internacional. Esto preocupa a la meteoróloga española María del Mar Gómez, quien durante una visita a Medellín para participar en Camacol Verde dialogó con EL TIEMPO sobre el tema. Según ella, "La situación internacional que tenemos ahora mismo no ayuda a poner el foco en los problemas medioambientales. Se están obviando más que nunca, porque hay otros asuntos que resolver, a juicio de nuestros gobernantes, más importantes. Aunque no debería ser así".
Gómez, doctora en Física y especialista en Meteorología y Energías Renovables, enfatiza que el calentamiento global no es un asunto futuro sino presente. Sobre qué hacer desde ahora, señala que lo primero es "dejar de emitir gases de efecto invernadero, provocados principalmente por las emisiones de combustibles fósiles. Y cuando digo 'dejar' es eliminar por completo". Advierte que existe una inercia climática, similar a cuando apagamos un horno y tarda tiempo en enfriarse: aunque hoy paráramos todas las emisiones, la Tierra continuaría calentándose. Sin embargo, explica que cada décima de grado adicional que evitemos será crucial para no llegar a una situación completamente catastrófica.
La meteoróloga señala que ya se han superado siete de los nueve puntos límites climáticos conocidos, esos umbrales donde los cambios se vuelven irreversibles. Pese a esto, asegura que aún se puede evitar lo peor. El problema, según ella, radica en que el cambio climático no genera la misma sensación de urgencia que tuvo el agujero de la capa de ozono en los años 90. En ese entonces, el riesgo inmediato de quemarse por los rayos ultravioleta fue tan evidente que los gobiernos actuaron rápido y firmaron el Protocolo de Montreal. Con el clima, sucede lo contrario: "Los efectos del cambio climático muchas veces se perciben como algo lejano, a pesar de que ya los estamos sintiendo". Además, la industria de los combustibles fósiles es mucho más poderosa que la de los clorofluorocarbonos que dañaban la capa de ozono, lo que genera mayor resistencia política.
Gómez también advierte sobre la migración climática, un fenómeno que intensificará las crisis humanitarias. Explica que "Con el tiempo, vamos a dejar de percibir la migración como la búsqueda de una vida mejor a una realidad que le puede ocurrir a cualquiera, independientemente de su estatus económico". Los huracanes más intensos, sequías extremas e inundaciones obligarán a millones a abandonar sus hogares. Aunque las personas con más recursos pueden recuperarse, los vulnerables quedan atrapados en el desastre.
Frente al negacionismo científico, la doctora responde con educación y datos. Rechaza la politización del cambio climático y explica que la ciencia no es una creencia sino información basada en física comprobada. Desmentir mitos comunes requiere contexto: sí ha habido cambios climáticos históricos, pero el actual es provocado por humanos y ocurre más rápido que cualquiera anterior. En cuanto al argumento de que hay olas de frío, aclara la diferencia fundamental: "Confunden dos cosas: uno es el tiempo, y el otro es el clima, que son diferentes".
Finalmente, Gómez observa cambios acelerados en las estaciones. En España, el verano se ha alargado cinco semanas más comparado con los años setenta. Este año fue atípico con temperaturas superiores a treinta y cinco grados en primavera. Estos cambios han transformado las dinámicas urbanas, subido precios de alimentos y generado riesgos para la salud, aunque muchas personas aún subestiman el peligro del calor extremo y cometen imprudencias que pueden resultar fatales.
Fuente original: El Tiempo - Vida