Los autos se dedigitalizan: China y EE.UU. frenan la tecnología que nadie pedía

Gobiernos en China y Estados Unidos están eliminando sistemas tecnológicos en los autos que prometían ser innovadores pero que en la práctica generaron más problemas que soluciones. Los mandos físicos vuelven a los vehículos, los volantes de yugo desaparecen y sistemas como Start&Stop se retiran. Las razones: seguridad de los conductores, practicidad en la conducción y quejas masivas de propietarios que encontraban los sistemas digitales demasiado complejos y peligrosos.
La industria automotriz mundial está haciendo un giro inesperado: retroceder. China y Estados Unidos, los dos mayores mercados y productores de vehículos del planeta, han comenzado a eliminar tecnologías que hace apenas unos años se promocionaban como el futuro. Pero resulta que ese futuro no le gustó a nadie.
El problema comenzó cuando los fabricantes de autos decidieron convertir los vehículos en computadoras sobre ruedas. En la carrera por la digitalización, la seguridad y la practicidad quedaron en segundo plano. Un estudio reciente de la firma consultora JD Power reveló algo que muchos conductores ya sabían: el 70 por ciento de las quejas sobre autos nuevos en los últimos tres años se relacionaban con sistemas multimedia tan complicados que tareas simples como ajustar espejos, activar limpiaparabrisas o mover asientos se convirtieron en una pesadilla. Los menús eran tantos que terminaban siendo un galimatías (un enredo sin sentido).
China fue el primero en actuar. El gobierno chino ordenó que a partir de este año todos los vehículos nuevos vuelvan a tener mandos y manijas físicas. La razón fue brutal: las manijas a ras (esas que están casi al mismo nivel de la carrocería) que Tesla popularizó se bloqueaban en accidentes y dejaban a los ocupantes atrapados sin posibilidad de ser rescatados. En algunos casos, ni siquiera podían abrir las puertas porque los mecanismos de apertura estaban escondidos detrás de la filosofía minimalista del diseño. También se eliminó el volante tipo yugo (forma parecida a un videojuego), otra propuesta de Tesla que otros fabricantes copiaron en China. Aunque no causó accidentes específicos, las autoridades consideraron que su forma generaba dudas sobre la eficacia en maniobras de emergencia.
En Estados Unidos, la administración de Donald Trump también tomó decisiones que revirtieron la digitalización. Eliminó el sistema Start&Stop, un mecanismo que apagaba el motor automáticamente en semáforos para ahorrar combustible. Aunque la idea no era mala, la Agencia de Protección Ambiental estadounidense nunca estuvo completamente convencida: el ahorro de combustible era casi imperceptible y los propietarios se quejaban continuamente del apagado y encendido molesto. Además, requería una batería especial que encarecía el vehículo. Estados Unidos también estaba considerando prohibir las manijas a ras y exigir controles físicos para funciones básicas, pero China los adelantó en esa decisión.
Las consecuencias de estas políticas se extenderán naturalmente a otros mercados importantes como Europa, Corea y Japón. Marcas de lujo como BMW y Mercedes-Benz ya han anunciado que desactivarán la conducción autónoma de nivel 3 (donde el auto toma decisiones por sí solo) y volverán a nivel 2, donde el conductor mantiene la responsabilidad principal. Incluso Ford ha decidido que el frunk, ese pequeño compartimiento de carga en la parte delantera de los autos eléctricos, será opcional porque los dueños simplemente no lo usan.
Lo curioso es que toda esta ola de desdigitalización muestra algo fundamental: la tecnología no siempre significa progreso. A veces el avance es retroceder cuando se comprueba que la rueda funciona mejor siendo redonda que siendo cuadrada. Los usuarios nunca quisieron estos sistemas complicados. Solo sucedieron porque alguien en una sala de diseño pensó que eran futurististas. Ahora, China y Estados Unidos les están diciendo a la industria lo que la gente común ya sabía: seguridad y practicidad siempre ganan sobre la sofisticación innecesaria.
Fuente original: El Tiempo - Economía