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Los abejorros podrían experimentar emociones, según nuevo estudio científico

Fuente: El Tiempo - Vida
Los abejorros podrían experimentar emociones, según nuevo estudio científico
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Un estudio publicado en PNAS revela que los abejorros muestran comportamientos similares a las emociones cuando prueban diferentes sabores. Los insectos sacan la lengua al consumir agua azucarada y sacuden la cabeza en señal de disgusto ante sabores amargos o salados. Este hallazgo sugiere que los insectos podrían tener una vida interior más compleja de lo que se creía, lo que cambia la comprensión científica sobre la conciencia de estos animales.

Un equipo de científicos chinos ha descubierto que los abejorros exhiben reacciones faciales similares a emociones cuando prueban diferentes sustancias, un comportamiento que hasta ahora se creía exclusivo de mamíferos. El hallazgo, publicado en PNAS, fue realizado con 18 colonias de abejorros y abre nuevas preguntas sobre la vida interior de los insectos.

Los investigadores utilizaron video en cámara lenta para observar que cuando los abejorros probaban agua con azúcar, sacaban repetidamente la glosa, una estructura similar a la lengua que usan para ingerir líquidos. Concentraciones más altas de azúcar provocaban más de estos movimientos que concentraciones bajas. En contraste, cuando probaban agua con sal o quinina amarga, los insectos mostraban clara aversión: sacudían la cabeza, movían las piezas bucales y se limpiaban con las patas delanteras.

"Las expresiones faciales son una ventana importante a los estados internos de los animales. Siempre ha existido una tensión entre considerar a los insectos como animales o como una especie de minirrobots. Este es un paso más para demostrar que las abejas tienen una vida interior", explicó Andrew Barron, investigador de la Universidad Macquarie en Australia y firmante del estudio.

Lo interesante es que estos comportamientos no parecen ser simples reflejos automáticos de alimentación. Los experimentos farmacológicos mostraron que las reacciones de la lengua funcionaban por mecanismos diferentes a los que impulsan la búsqueda de comida mediada por dopamina. En cambio, parecían estar relacionados con vías cerebrales asociadas a la evaluación afectiva, es decir, a cómo el cerebro valora algo como agradable o desagradable.

Barron también destacó que "entre una abeja y una mosca no hay grandes diferencias en la organización del cerebro, esto significa que existen más aspectos que tener en cuenta a la hora de tratar a los insectos o reaccionar ante ellos". Este punto es relevante para reconsiderar cómo entendemos a los insectos en general y cómo interactuamos con ellos.

El descubrimiento tiene implicaciones importantes para los estudios comparativos sobre emociones en animales y sugiere que la capacidad de experimentar algo parecido a lo que los humanos llamamos gusto o disgusto podría estar más extendida en el reino animal de lo que se pensaba anteriormente.

Fuente original: El Tiempo - Vida

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