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Lorica cierra boquete de 150 metros: así fue la batalla comunitaria contra el río Sinú

Fuente: El Tiempo - Colombia
Lorica cierra boquete de 150 metros: así fue la batalla comunitaria contra el río Sinú
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Durante casi quince días, los habitantes de Nueva Colombia y Cotocá Arriba en Lorica (Córdoba) trabajaron sin parar para contener una ruptura massive del río Sinú que amenazaba con seguir inundando sus hogares y cultivos. Con palos, sacos de arena y organización comunitaria, lograron construir un jarillón artesanal que frenó el avance del agua. El esfuerzo contó con apoyo de más de 50 miembros de entidades como la Policía, Cruz Roja, Bomberos y la Armada Nacional, quienes reforzaron las labores después de dos semanas de trabajo voluntario.

Quince jornadas de trabajo continuo bajo el sol y la lluvia persistente del Caribe. Eso fue lo que costó contener la emergencia que dejó abierto un boquete de aproximadamente 150 metros en el punto crítico de Nueva Colombia, en Cotocá Arriba, zona rural de Lorica. Una brecha por la que se colaba sin piedad el río Sinú, amenazando con seguir arrasando viviendas, cultivos y los caminos por donde acceden las familias a sus tierras.

Lo que comenzó como una reacción instintiva de la comunidad se transformó en una operación casi militar de defensa colectiva. Los voluntarios de Nueva Colombia y Cotocá Arriba se pusieron el overol y empezaron a levantar una estructura artesanal con lo que tenían a mano: madera, estacas, lonas plásticas y centenares de bultos de arena que llenaban y trasladaban a pulso. El trabajo estaba organizado por turnos y relevos, con vecinos turnándose para que el ritmo no parara. Mientras los hombres estaban metidos en el barro, las mujeres de la comunidad preparaban comidas para mantener en pie a quienes sostenían la batalla contra el agua. No era un gesto simbólico, era parte esencial de la operación.

Pero la magnitud de la ruptura exigía más brazos. Después de casi dos semanas de esfuerzo comunitario, las instituciones se activaron. Más de 50 integrantes entre Policía Nacional, Cruz Roja, Bomberos, Defensa Civil, Armada Nacional y funcionarios de la Alcaldía de Lorica llegaron a reforzar las labores. Según la coordinación de la UNGRD, entre comunidad y organismos de respuesta lograron llenar y movilizar entre 500 y 1.000 bultos de arena diarios. Ese ritmo permitió ir cerrando gradualmente el boquete y reducir el impacto sobre los sectores poblados. Las botas de caucho también fueron clave: la UNGRD distribuyó 6.800 pares como dotación prioritaria para quienes trabajaban horas enteras en el agua y el barro.

Los reportes técnicos no ayudaban. Durante febrero, la región Caribe enfrentaba un frente frío que intensificó las lluvias de manera anormal, elevando los caudales del Sinú y complicando el manejo del agua. Las autoridades anticipaban aumentos de caudal y episodios de lluvia persistente entre el 22 y el 26 de febrero, lo que puso en riesgo la etapa final del cierre. Fue necesario mantener vigilancia permanente sobre el jarillón artesanal levantado en Nueva Colombia. El gobernador de Córdoba, acompañado de personal técnico de la CVS y el alcalde de Lorica, realizó una inspección en terreno para confirmar la dimensión de la emergencia. Los equipos técnicos identificaron puntos bajos y zonas erosionadas que requieren intervención inmediata para prevenir rupturas similares en futuras temporadas de lluvias.

El panorama departamental era desolador. Para mediados de febrero, Córdoba acumulaba más de 113.000 hectáreas inundadas, convirtiéndose en una de las zonas más golpeadas del país. Esa fotografía ayudó a dimensionar la urgencia y la presión sobre los ríos. Unidades navales participaron en el llenado de costales y en la construcción de barreras adicionales, así como en evacuaciones de familias que ya tenían el agua dentro de sus casas. En Cotocá Arriba, Sarandelo y zonas vecinas, los equipos militares ayudaron a mantener la estabilidad del jarillón.

Después de semanas de bultos de arena, sol ardiente y agua incesante, el boquete de Nueva Colombia finalmente fue cerrado. No fue obra de una entidad, fue la mezcla de voluntariado comunitario, acompañamiento institucional y resistencia de gente que no se rindió. Los habitantes están claros de que el riesgo no ha desaparecido del todo y que las autoridades deben mantener la alerta ante posibles nuevas crecientes, pero lo que lograron es un hito en las emergencias ambientales del país.

La comunidad cumplió con su parte. Ahora esperan que las instituciones avancen en las soluciones de fondo que la zona ha solicitado durante años. Mientras eso ocurre, el jarillón construido durante quince días de esfuerzo seguirá siendo la prueba de que, cuando la inundación avanzaba con fuerza, Lorica supo contenerla unida.

Fuente original: El Tiempo - Colombia

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