Leer y comprender: la brújula que transforma el futuro de América Latina
La digitalización no reemplaza el pensamiento, lo potencia. En un contexto donde desconocemos qué habilidades necesitarán los trabajos del futuro, la alfabetización temprana emerge como el motor del cambio social. Países latinoamericanos se unen en torno a una convicción: garantizar que todos los niños aprendan a leer, escribir y comprender antes de los siete años es el camino hacia la equidad.
En plena era digital, hay algo que no ha perdido su poder transformador: la capacidad de leer y comprender lo que se lee. Contrario a lo que mucha gente cree, la digitalización no reemplaza la capacidad de pensar; la potencia. Y es precisamente esta convicción la que moviliza a gobiernos de toda América Latina en la búsqueda de una educación que cierre brechas de desigualdad.
Nos encontramos ante una incertidumbre vibrante. No sabemos exactamente cuáles serán las habilidades que demandará el mercado laboral en el futuro, y por eso el desafío de diseñar una educación pertinente se vuelve urgente y mayúsculo. En este contexto, Colombia participó recientemente en el Foro Internacional de Alfabetización, Equidad y Futuro, invitado por el Ministerio de Educación de Brasil. Esta presencia no fue casual: reconoce los avances logrados desde el Atlántico con una certeza inquebrantable de que la educación es el mayor factor de movilización social que existe.
Lo verdaderamente transformador está en garantizar el derecho a la alfabetización en la primera infancia, especialmente hasta los cinco años. La importancia de que los niños dominen la lectura, la escritura y las operaciones matemáticas básicas antes de cumplir siete años es insoslayable, porque es allí donde se abre el acceso al conocimiento y germina la imaginación y la creatividad que demanda el nuevo mundo. Pero las cifras en la región son preocupantes: apenas el 55,7 por ciento de los niños sabe leer y escribir a la edad adecuada. En Brasil, el 56 por ciento de los estudiantes de segundo año de primaria lee de manera eficiente; en Colombia, apenas el 45 por ciento. México enfrenta una situación más crítica: el 75 por ciento presenta rezago en alfabetización inicial y conocimiento numérico. Argentina reporta el 46 por ciento, Chile el 60 por ciento con bajos niveles de comprensión lectora, y en Perú el 70 por ciento de los escolares tarda hasta siete años en adquirir habilidades básicas de lectura.
Los gobiernos de la región coinciden en que la formación de calidad no ocurre en el vacío. El proceso pedagógico debe estar respaldado por una infraestructura digna y potente que facilite el aprendizaje desde sus cimientos. Por eso, gobiernos como el colombiano han apostado por construir espacios especializados: 21 Centros de Desarrollo Infantil en zonas vulnerables, que van más allá del cemento y se conciben como ecosistemas de formación donde la arquitectura acompaña el proceso de alfabetización temprana, brindando seguridad y estímulos a los más pequeños. Además, se reconoce la necesidad de incorporar herramientas de vanguardia, incluida la inteligencia artificial, para ofrecer una educación verdaderamente pertinente.
En este Foro Internacional también quedó claro algo fundamental: los sistemas de evaluación deben retroalimentar constantemente a las escuelas para permitir revisiones oportunas y ajustes en tiempo real. Es un aprendizaje que Brasil, Uruguay, México, Argentina, Chile y Perú validan desde sus propias experiencias. Pero nada de esto es posible sin docentes preparados. Se necesitan políticas que privilegien la formación de maestros con la capacidad de alfabetizar con creatividad, trabajo y dedicación.
Leer es un diálogo que se cultiva en aulas y salones donde los niños racionalizan lo que ven y leen. No es una destreza automática que simplemente ocurra. Hay que leer para aprender, hay que leer para recordar y hay que leer para comprender. Cuando un niño entiende para qué lee, se le abren universos enteros. Y es así como la justicia social comienza: con una educación de calidad que garantice el derecho a la comprensión lectora y la escritura para todos, no solo para unos pocos privilegiados.
Fuente original: Periódico La Guajira

