Las fotos de la Luna de Artemis II sí muestran colores reales, pero necesitan "ayuda" científica para verlos

Videos virales afirman que astronautas de Artemis II captaron colores vivos en la Luna, pero la Nasa aún no ha publicado esos videos. Sin embargo, los colores sí existen en la superficie lunar, solo que son tan sutiles que el ojo humano no los percibe. El procesamiento digital amplifica estas diferencias, revelando variaciones minerales que los científicos usan para estudiar la composición del satélite.
En las redes sociales se han propagado historias sobre supuestos videos en ultra definición de la misión Artemis II que mostrarían colores vibrantes en los cráteres lunares. Aunque la Nasa ha compartido fotografías oficiales de la expedición, la agencia espacial aún no ha divulgado los videos que algunos usuarios aseguran que existen. La afirmación de que se pueden ver esos colores a simple vista en las imágenes es falsa, pero detrás de esta confusión hay una explicación científica fascinante.
Aunque normalmente vemos la Luna como un disco gris y uniforme en el cielo, su superficie en realidad posee variaciones de color que están directamente relacionadas con su composición mineralógica. El problema es que estas diferencias son tan imperceptibles para nuestros ojos que casi nunca las notamos. Santiago, coordinador de Investigación del Observatorio Astronómico Nacional de la Universidad Nacional, lo explica así: "Normalmente vemos la Luna como un disco brillante de tonos grises, casi uniforme". Esa apariencia engañosa oculta cambios reales en la luz solar reflejada por el terreno lunar.
Los tonos marrones, amarillos y azulados que aparecen en algunas imágenes procesadas no son invenciones digitales, sino amplificaciones de diferencias genuinas. Los científicos utilizan técnicas de procesamiento, como aumentar la saturación del color, para resaltar contrastes que pasarían inadvertidos. Esto permite identificar regiones con mayores cantidades de óxido de hierro, que generan tonalidades cálidas, y zonas con titanio, que producen matices azulados. Estas variaciones son particularmente evidentes en los mares lunares, que son enormes llanuras volcánicas visibles desde la Tierra.
Instrumentos en sondas como la Lunar Reconnaissance Orbiter han confirmado que estas diferencias no solo representan cambios de brillo, sino pequeñas variaciones en la longitud de onda de la luz reflejada. Al observar en distintas bandas del espectro, los investigadores construyen mapas detallados de la composición del suelo y reconstruyen parte de la historia geológica de la Luna, marcada por antiguas erupciones y impactos que ocurrieron hace miles de millones de años.
Mientras tanto, los cuatro astronautas de Artemis II —el comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover, la especialista Christina Koch, primera mujer en una misión lunar, y Jeremy Hansen de la Agencia Espacial Canadiense— avanzan en su regreso a la Tierra, previsto para el viernes 10 de abril. Esta fase es crucial porque pondrá a prueba la cápsula Orion en el momento más delicado: la reentrada a la atmósfera terrestre a velocidades cercanas a 40.000 kilómetros por hora. El escudo térmico deberá soportar temperaturas de aproximadamente 1.650 grados Celsius mientras la nave desciende. Si esta maniobra funciona correctamente, validará que el sistema puede traer astronautas de regreso desde el espacio profundo, requisito indispensable antes de autorizar Artemis III, la misión que sí buscará llevar humanos a la superficie lunar.
Fuente original: El Tiempo - Vida