Las fintech latinoamericanas dejan atrás el crecimiento salvaje y buscan ahora ser rentables

El sector de empresas financieras digitales en América Latina está cambiando de rumbo. Después de años de expansión acelerada impulsada por la pandemia y dinero abundante, ahora debe demostrar que puede ganar dinero de forma sostenible. Colombia avanza pero está rezagada frente a Brasil, que ya tiene sistemas de pagos instantáneos consolidados. Los neobancos siguen operando con pérdidas y enfrentan un entorno económico más difícil con inflación alta e incertidumbre electoral.
El boom de las fintech en América Latina está llegando a su fin. Tras varios años de crecimiento desbocado, el sector enfrenta ahora un momento de verdad: pasar de crecer a toda costa a construir negocios que realmente ganen dinero. Así lo advierte un análisis reciente de Fitch Ratings, la agencia que califica riesgos financieros. La buena noticia es que la industria no desaparecerá. La mala, que muchas empresas aún no saben cómo mantenerse en pie sin depender de inversión externa.
Los primeros años fueron casi de ciencia ficción empresarial. La pandemia obligó a millones de personas a pasar al dinero digital, el capital privado llegaba a raudales y cualquier startup con una app podía atraer inversionistas. Se ganaron usuarios a velocidad de rayo y se expandió el acceso a servicios financieros a gente que nunca los había tenido. El problema es que muchas de esas empresas nunca llegaron al punto de equilibrio, ese momento donde lo que gasta es menos que lo que gana. "Como todo negocio, viene un boom, un crecimiento muy fuerte, y ahora vemos la segunda etapa donde viene más una estabilización y los negocios empiezan a consolidarse y a ser sustentables en el tiempo", explica Sergio Peña, director de instituciones financieras no bancarias de Fitch Ratings.
Brasil salió adelante en esta carrera porque fue precavido. Desarrolló sistemas de pagos inmediatos (como Pix) y esquemas de finanzas abiertas que redujeron drásticamente el uso del efectivo. Eso permitió que los bancos tuvieran información real sobre quién paga qué, cuándo y cómo, lo que hizo posible crear modelos de crédito más sólidos. Colombia está en la segunda fila. Sí ha dado pasos importantes con Bre-B, su sistema de pagos instantáneos, que en pocos meses logró una adopción sorprendente. Pero aún hay trabajo pendiente, especialmente en cerrar la regulación de finanzas abiertas, que es lo que permite a diferentes empresas compartir datos financieros de forma segura para ofrecer mejores productos.
El reto con los neobancos es particular. Estas empresas nacidas completamente digitales (sin sucursales físicas) han sido positivas para la competencia y permiten que gente sin acceso al sistema financiero tradicional pueda tener cuenta. Pero la mayoría sigue operando con pérdidas. Priorizan atraer clientes sobre tener ganancias, apostando a que algún día la escala les permitirá ser rentables. Ese día aún no llega y el contexto se pone más duro: inflación persistente, tasas de interés altas e incertidumbre electoral hacen que los inversionistas guarden dinero y reflexionen bien antes de apostar por nuevas empresas.
En Colombia hay algo diferente frente a otros países: los bancos tradicionales y las fintech no están en guerra abierta sino que trabajan juntos. Hay alianzas, digitalizaciones compartidas y empresas tecnológicas que evolucionan hacia convertirse en instituciones financieras reguladas. Eso es más lento que la disrupción, pero más estable. Fitch advierte que para que el sector siga adelante es imprescindible que la regulación sea clara. Colombia tiene un marco relativamente amigable con distintos tipos de licencias, pero aún hace falta claridad total en las reglas de finanzas abiertas. Sin eso, los inversionistas de largo plazo dudan.
La perspectiva para el resto de 2026 no es dramática pero tampoco emocionante. Fitch no espera un colapso del sector ni un retorno al crecimiento explosivo de hace dos o tres años. En su lugar, habrá estabilización y consolidación. Los primeros seis meses serán cautelosos, mientras que lo que pase en la segunda mitad dependerá de cuánto logren consolidarse los negocios y cómo evolucione la economía general.
Para que las fintech sobrevivan y prosperen no basta con tener una app bonita y muchos usuarios. Ahora necesitan disciplina financiera, gestión seria del riesgo y modelos de negocio que de verdad generen ganancias. Colombia tiene la oportunidad de convertir sus avances tecnológicos en profundidad financiera real, ofreciendo crédito a personas de verdad en lugar de solo pagos rápidos. Pero debe hacerlo sin perder la estabilidad que el mercado ahora valora.
Fuente original: Portafolio - Economía