Las emociones le ganan al bolsillo: por qué la campaña presidencial evita hablar de empleo e ingresos

A un mes de las elecciones, los candidatos se enfusan en narrativas emocionales que dividen antes que en soluciones económicas concretas. Analistas advierten que mientras la política se queda en reacciones y ataques en redes sociales, los colombianos siguen esperando respuestas claras sobre ingresos, empleo y costo de vida. Este desajuste entre lo que se promete y lo que importa en la vida cotidiana podría traer problemas de gobernabilidad después de las urnas.
La campaña presidencial colombiana tiene un problema creciente: mientras los candidatos pelean por quién genera más impacto emocional, los ciudadanos siguen preocupados por cosas mucho más terrenales. Ingresos, empleo, seguridad y costo de vida están desapareciendo del debate político a favor de narrativas que apuntan más a dividir que a solucionar. Así lo advierten analistas políticos que observan cómo el voto emocional va desplazando sistemáticamente la conversación sobre economía real en la carrera hacia la Casa de Nariño.
El fenómeno no es casual. Beto Díaz, analista político citado en un reportaje de Portafolio, lo explica con claridad: "hoy el debate político se ha desplazado hacia lo inmediato, lo emocional y lo superficial. Se discute más desde la reacción que desde la reflexión". La razón es práctica: los mensajes cortos que generan rabia o identidad viajan más rápido en redes sociales que un plan detallado sobre reducción del desempleo. Un tweet que ataca al rival genera miles de interacciones. Una propuesta técnica sobre tasas de interés para emprendedores, prácticamente ninguna.
El problema es que hay un abismo creciente entre lo que se comunica en campaña y lo que realmente afecta la vida del colombiano promedio. Según el análisis, "El colombiano hoy no está esperando discursos elaborados ni ideologías complejas. Está esperando respuestas claras sobre su ingreso, su seguridad, su acceso a salud y su calidad de vida". Cuando esas respuestas no llegan porque la conversación está atrapada en enfrentamientos simbólicos, la gente termina votando desde la emoción: por quién les cae bien, por quién les parece más auténtico, por quién les dice lo que quieren escuchar. No por quién tiene el mejor plan para crear empleos.
Esto genera un riesgo importante para el país después de que alguien resulte electo. Un gobierno que llegó al poder promoviendo discursos que dividen y construyen enemigos tendrá mucha dificultad para buscar consensos después. Además, las expectativas emocionales que se crean durante la campaña raramente se traducen en resultados económicos concretos. Colombia enfrenta desafíos reales: necesita reactivar el crecimiento, mejorar el empleo y responder a demandas sociales acumuladas. Estas cosas se hacen con decisiones técnicas y coordinación política, no con conexión emocional.
El llamado de los analistas es simple pero urgente: los colombianos necesitan "pasar de la reacción a la reflexión". Como lo señala Díaz, "El país necesita pasar de la reacción a la reflexión. Elegir bien no es solo un derecho, es una responsabilidad". Informarse más allá de lo que genera impacto en redes sociales, cuestionar las propuestas, exigir claridad sobre cómo se van a resolver los problemas económicos concretos. Porque al final, ningún discurso emocional paga arriendo o pone comida en la mesa.
Fuente original: Portafolio - Economía