La Resurrección de Cristo, brújula de fe y esperanza para Colombia
Tras celebrar la Semana Santa, la Iglesia invita a los creyentes a reflexionar sobre cómo la Resurrección de Jesús debe transformar la vida concreta de cada persona. El mensaje central es que la fe no es solo una idea abstracta, sino un compromiso con la justicia, la dignidad humana y la paz. En Colombia, especialmente, se hace un llamado a construir una sociedad más fraterna y reconciliada desde los valores que Cristo enseñó.
La Semana Santa que celebramos hace poco nos trae de nuevo ante el acontecimiento más importante para los cristianos: la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Es en estos días sagrados cuando la Iglesia, presente en todo el mundo, contempla cómo el Hijo de Dios entregó su vida en la cruz y, mediante ese sacrificio, abrió las puertas hacia la vida eterna para toda la humanidad.
Lo que vemos en la Resurrección es el amor infinito del Padre manifestado en su plenitud. Como lo recuerda el Evangelio de san Juan: "Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna". Pero la fe cristiana no se queda en el recuerdo histórico ni en las ideas bonitas. Los días posteriores a la Resurrección, cuando Jesús resucitado se apareció a sus discípulos, fortalecen nuestra convicción de que el cristianismo es un camino vivo, una forma real de seguir al Señor que debe expresarse en la vida de cada creyente.
Aquí viene lo crucial: si Cristo es "el camino, la verdad y la vida", como Él mismo se define, entonces nuestra existencia debe transformarse a su imagen. Si es el camino, nuestra vida ha de ser transformada por Él. Si es la verdad, nuestras decisiones deben buscar siempre lo que conduce al bien, la justicia y la dignidad de las personas. Si es la vida, estamos llamados a defenderla y a respetarla en todas sus etapas, reconociendo que ningún ser humano tiene autoridad sobre el don de la vida, que pertenece únicamente a Dios.
Este llamado no es solo espiritual, es también profundamente social. Cada creyente está invitado a discernir con rectitud de conciencia su compromiso en la vida comunitaria, mostrando coherencia entre lo que dice creer y cómo vive. La comunidad creyente debe levantarse con firmeza para anunciar, con palabras y con hechos, que Cristo ha resucitado y que su victoria abre caminos de esperanza para la humanidad.
Recordemos a los primeros discípulos en el cenáculo con la Virgen María. Cuando recibieron al Espíritu Santo, salieron a proclamar con valentía que Jesús vive. Esa es la invitación que se extiende hoy para nosotros, especialmente en Colombia. Nuestro país enfrenta heridas profundas que reclaman paz, reconciliación y unidad. Cristo camina con su pueblo, lo acompaña en el dolor y lo fortalece en la debilidad. Es desde Él desde donde podemos construir una sociedad fundada en la esperanza, la dignidad de la persona y la caridad.
Las palabras de nuestro himno nacional cobran vigencia: "Cesó la horrible noche! La libertad sublime, derrama las auroras, de su invencible luz". Colombia necesita más que nunca escuchar y vivir las palabras de quien murió en la cruz. Solo desde esa fe transformadora, que se expresa en obras concretas de justicia y fraternidad, podremos construir un país más justo, más unido y lleno de esperanza verdadera.
Fuente original: Diario del Norte
