La "paz total" de Petro: promesas incumplidas y mesas de diálogo que nunca funcionaron

La estrategia de "paz total" que Gustavo Petro presentó como su proyecto estrella llegó al final de su gobierno sin resultados concretos. El presidente no logró acuerdos con el ELN ni otros grupos criminales importantes, mientras varias mesas de diálogo colapsaron, fueron abandonadas o nunca avanzaron. Expertos señalan que aunque hubo intención inicial, el sabotaje de funcionarios del gobierno y la falta de compromiso de los actores criminales hundieron la iniciativa. La violencia en el país no disminuyó, sino que aumentaron los actos de terrorismo, secuestros y desplazamientos forzados.
Cuando Gustavo Petro llegó a la Casa de Nariño, la "paz total" era su carta de presentación, el proyecto político que supuestamente transformaría el país. Lo anunció con fanfarria durante su campaña presidencial de 2022, convencido de que podía sellar una paz definitiva con los principales grupos criminales en cuestión de meses. Hoy, cuando apenas quedan cuatro meses para que termine su mandato, ese globo se ha desinfado completamente. No hay acuerdos con el ELN, no hay pacificación con las bandas urbanas, y lo que prometió como su gran legado se convirtió en un listado de fracasos.
En una entrevista con la revista Semana el 14 de marzo de 2021, Petro fue categórico: "A los tres meses de ser presidente, se acaba el ELN en Colombia, porque se hace la paz". Ese compromiso nunca se cumplió. Lo que sí abundó fueron los anuncios sin sustancia. El más reciente fue en abril de 2026, cuando ordenó trasladar de prisión a varios internos de la cárcel de Itagüí que habían organizado una fiesta dentro del penal. Petro declaró ante su gabinete: "Los señores que hicieron la fiestica salen de la cárcel, entran es a otra, trasladados. Salen de Itagüí, se acabó el tema". Pasaron dos semanas y ninguno fue movido.
Las mesas de diálogo con bandas del Valle de Aburrá tampoco prosperaron. El gobierno nombró a Diego Murillo Bejarano, alias "don Berna", como gestor de paz en diciembre de 2024, pero el personaje está preso en Estados Unidos. La Cancillería nunca tramitó los permisos necesarios ante las autoridades estadounidenses para que participara por teleconferencia. Fue un nombramiento de papel que anunciaron como "un gran avance hacia la paz urbana".
Quizás el intento más fallido fue el de los excomandantes de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Petro anunció en octubre de 2024 que dialogaría con ellos, e incluso se dejó fotografiar abrazando al narcotraficante y exjefe paramilitar Salvatore Mancuso. Nombró 18 gestores de paz, pero en junio de 2025 ellos mismos renunciaron, hartos del desinterés del gobierno. El presidente intentó relanzar la mesa en octubre con nuevos coordinadores: Angie Rodríguez y el ministro Armando Benedetti. Pero todo se derrumbó el 24 de octubre de 2025 en una reunión en Valledupar, el mismo día en que Benedetti fue incluido en la Lista Clinton del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, junto a Petro. Después de eso, las partes nunca volvieron a reunirse. Rodríguez, quien coordinaba por parte del gobierno, hoy es una de sus principales críticas.
El fracaso también llegó a otras iniciativas. El proyecto de ley de sometimiento de bandas criminales, que Petro presentó en su primer año como "esencial" para desarmar grupos urbanos en Buenaventura, el Valle de Aburrá y Quibdó, se hundió en el Congreso y nunca fue representado. El gobierno culpó a la "falta de ambiente" legislativo. A esto se suma la inestabilidad en el Ministerio de Justicia, que tuvo cinco ministros en el mandato. Eduardo Montealegre, quien fue el tercero en ocupar ese cargo, prometió revivir la ley de sometimiento pero apenas duró cuatro meses antes de irse sin dejar nada avanzado.
La lista de mesas naufragadas es larga: la de "los Pachenca" nunca despegó, la de bandas de Buenaventura está inactiva, y la del Clan del Golfo en Catar generó gastos sin resultados. El gobierno también pactó Zonas de Ubicación Temporal de Combatientes con el Clan del Golfo, el Estado Mayor de los Bloques y Frente y otros grupos, pero no implementó ninguna.
Michel Pineda, abogado y director de la Corporación Compromiso Colombia, quien participó en los primeros acercamientos para las mesas de paz, diagnosticó el problema: "Hubo buena voluntad de parte de Petro, pero sus subalternos boicotearon cada intento. El ministro Montealegre, que dejó tirado el proyecto; el canciller Luis Gilberto Murillo, que no ayudó con los trámites para los gestores de paz encarcelados en el extranjero; y el primer comisionado de paz, Danilo Rueda, que solo se reunía con sus favoritos". Mientras los diálogos fracasaban, la violencia no disminuyó. Los actos de terrorismo, secuestros, desplazamientos forzados, reclutamiento infantil y confinamiento se incrementaron, así como las muertes de miembros de la Fuerza Pública.
En aquella misma entrevista de 2021 con Semana, Petro también dijo algo que hoy cobra una dimensión irónica: "Mi Gobierno es para hacer la paz. Si no hicimos la paz, que me tumben. Es más, yo mismo renuncio". Fue otro globo lanzado al aire, que también se desinfló.
Fuente original: El Colombiano - Colombia



