La guerra en Irán dispara el petróleo a máximos de cuatro años y amenaza precios globales

El barril de petróleo Brent superó los 126 dólares esta semana, su precio más alto desde 2022, por la tensión en Medio Oriente y el bloqueo del estrecho de Ormuz por donde pasa la quinta parte del petróleo mundial. En Estados Unidos, el aumento de la gasolina empuja la inflación al alza, alejando a la Reserva Federal de su objetivo del 2%. Irán sufre una inflación del 71% y destrucción masiva de infraestructura industrial, mientras que las aerolíneas globales enfrentan aumentos de hasta el 84% en sus costos de combustible.
La escalada de tensión en Medio Oriente está golpeando los mercados energéticos mundiales de manera tan fuerte que los precios del petróleo alcanzaron esta semana sus máximos en cuatro años. El índice de referencia global Brent llegó a 126,41 dólares por barril, una cifra que no se veía desde marzo de 2022 cuando comenzó la guerra en Ucrania. Aunque las cotizaciones bajaron después de llegar a ese pico, la volatilidad refleja una realidad: la situación en Irán tiene repercusiones que van mucho más allá de Medio Oriente.
El culpable principal es el bloqueo del estrecho de Ormuz. Esta vía marítima estratégica, por donde circula aproximadamente una quinta parte del petróleo y gas natural licuado que se mueve globalmente, ha visto un colapso en su actividad. Antes de la guerra, entre 125 y 140 barcos cruzaban diariamente el estrecho; ahora apenas siete lo hacen en 24 horas. Irán cerró el paso como respuesta a los ataques de Estados Unidos e Israel, una jugada que ha paralizado el comercio energético mundial.
En Estados Unidos, el impacto es inmediato y visible en los surtidores. El galón de gasolina pasó de costar 2,98 dólares antes de la guerra a 4,22 dólares, un incremento del 41%. Este encarecimiento del combustible ha empujado la inflación general al 3,5% anual, su nivel más alto en tres años. La Reserva Federal persigue mantener la inflación por debajo del 2%, pero con estos números ese objetivo se aleja cada vez más. Jerome Powell, presidente de la entidad, indicó recientemente que probablemente mantendrá los tipos de interés sin cambios durante meses mientras evalúa cómo se desarrollan los eventos.
Para Irán, la situación es devastadora. Los bombardeos estadounidenses e israelíes destruyeron 3.000 infraestructuras industriales, con daños estimados en 270.000 millones de dólares. Sectores clave como la petroquímica y la siderúrgica, que generaban decenas de miles de empleos y miles de millones en exportaciones, han sido gravemente afectados. Un millón de empleos directos se perdieron, con dos millones más en empleos indirectos. Los precios de los productos básicos se han disparado un 71%, según datos del Centro de Estadísticas iraní. La moneda local, el rial, tocó un mínimo histórico.
El conflicto también alcanza a las aerolíneas de todo el mundo. El precio del combustible para aviones subió un 84%, obligando a gigantes como Lufthansa a cancelar 20.000 vuelos de corta distancia hasta octubre. Air France-KLM proyecta que su factura de combustible este año será 2.400 millones de dólares más cara de lo esperado. Las aerolíneas del Golfo fueron las más golpeadas en marzo, con caídas del 50% en operaciones y descensos del 42,5% en reservas hacia esa región.
Lo que comenzó como un conflicto regional se ha transformado en una crisis económica global que toca desde el combustible en las bombas de gasolina hasta el precio de los pasajes aéreos. Mientras el estrecho de Ormuz permanezca obstruido, no hay señales de que los precios bajen. La ecuación es simple: sin flujo de petróleo, el precio sigue subiendo, y eso golpea a consumidores y empresas en todos los continentes, incluyendo América Latina, que depende de la estabilidad energética global.
Fuente original: France 24 - Medio Oriente



