La Guajira: la puerta logística que Colombia necesita abrir ya mismo
La Guajira tiene todo para convertirse en el nodo logístico que descongestionaría los puertos saturados del país y proyectaría a Colombia hacia el Caribe. Su ubicación privilegiada, cercana al Canal de Panamá y a apenas 150 kilómetros de Aruba, junto con potencial en energías renovables, la posiciona como alternativa estratégica frente a competidores como Puerto Rico y Panamá. Sin embargo, décadas de centralismo y falta de voluntad política han mantenido este potencial atrapado en promesas.
La Guajira es mucho más que sal, carbón y energía eólica. Este territorio del extremo norte colombiano guarda dentro de sí la solución logística que el país lleva años postergando: un nodo que descongestione puertos como Cartagena y Santa Marta, reduzca los altos costos de comercialización y posicione a Colombia como plataforma clave de redistribución hacia el Gran Caribe. No es un sueño regional. Es una necesidad urgente que afecta directamente la competitividad de toda la nación.
La geografía juega a favor. Ubicada en la confluencia de las principales rutas marítimas globales, cercana al Canal de Panamá y con acceso directo a los corredores comerciales de Norteamérica y Europa, La Guajira posee ventajas comparativas que pocos territorios en el continente pueden ofrecer. El problema es que esa ventaja natural ha estado dormida durante décadas, opacada por un centralismo logístico que mantiene toda la operación concentrada en pocos puertos que ya están operando al borde del colapso. Un puerto de aguas profundas, terminales de carga con estándares internacionales, un aeropuerto internacional para logística y pasajeros, y carreteras eficientes podrían transformar este rincón del mapa en un hub de redistribución y tránsito inteligente.
Los números hablan por sí solos. El Caribe alberga más de 300 millones de consumidores con un PIB combinado superior a los 420 mil millones de dólares. Solo en 2024, Colombia exportó 41,6 millones de dólares a Aruba, cubriendo casi el 46 por ciento de lo que importa esa isla. Curaçao, con un PIB per cápita cercano a los 99 mil dólares, demanda anualmente más de mil millones en bienes de consumo, alimentos y materiales. Desde La Guajira hasta Aruba hay apenas 150 kilómetros; hasta Curaçao menos de 200. El tránsito marítimo que hoy toma 48 a 72 horas podría reducirse a menos de 12, una diferencia crucial en la era del comercio ágil y las cadenas de suministro rápidas.
Proyectos como Puerto Brisa, históricamente dedicado a exportar carbón pero con calado profundo y ubicación privilegiada, podrían diversificarse hacia contenedores generales, carga refrigerada y nuevos vectores energéticos. Puerto Nuevo, operado por Pensoport S.A., promete ser un hub multipropósito con estándares internacionales. Paralelamente, la Alta Guajira necesita un aeropuerto internacional con pista superior a los 3 mil metros, terminal de carga especializada y conectividad de largo radio que complemente el sistema marítimo.
La Guajira posee un potencial estimado de 25 gigavatios eólicos y 45 gigavatios solares, con costos de producción de hidrógeno verde proyectados entre 0,8 y 2,6 dólares por kilogramo, de los más competitivos del planeta. Un puerto-aeropuerto moderno, alimentado por energías limpias y conectado a corredores terrestres eficientes, posicionaría a Colombia como exportador inteligente no solo de bienes, sino de energía limpia y logística baja en carbono. Mientras tanto, Puerto Rico consolida más de 110 instalaciones logísticas y acceso directo a 20 rutas marítimas internacionales, y Panamá aprovecha su ubicación junto al Canal. La Guajira sigue dependiendo de coordinación interinstitucional y voluntad política que parece no llegar.
Pero esto no puede ser un proyecto solo de números y infraestructura. La Guajira es hogar del pueblo wayuú, de ecosistemas costeros y desérticos frágiles, y de una historia marcada por la abandono institucional. La consulta previa, las licencias ambientales con enfoque climático, los programas de formación que prioricen a las comunidades locales no son trámites; son pilares de viabilidad real. Un puerto que ignora a sus vecinos se convierte en foco de conflicto. Uno que los integra, en motor de desarrollo genuino.
El momento es ahora. La reconfiguración global de cadenas de suministro, el impulso al comercio entre países caribeños y la urgencia de diversificar la economía colombiana exigen decisiones de Estado que vayan más allá de los ciclos electorales. Se necesitan alianzas público-privadas con transparencia, participación de banca multilateral y marcos contractuales ágiles. Modernizar los accesos marítimos y aéreos de La Guajira es, en esencia, modernizar la forma en que Colombia se conecta con el mundo. El viento que sopla en el norte no solo mueve molinos; mueve oportunidades. La Guajira no necesita ser redescubierta. Necesita ser conectada.
Fuente original: Diario del Norte
