La Guajira a los 61 años: seis décadas de riquezas sin explotar y promesas incumplidas
La Guajira cumple este 1 de julio seis décadas como departamento marcadas por la paradoja: enormes recursos naturales pero con desafíos básicos sin resolver como acceso a agua potable, empleo e infraestructura. El análisis señala que las bonanzas históricas generaron dependencia política en lugar de desarrollo sostenible. Expertos plantean que la región debe pivotear hacia un modelo basado en producción, energías renovables y turismo responsable.
La Guajira celebra hoy otro año más de su existencia como departamento, pero con una realidad que pesa más que la efeméride: seis décadas de ser tierra de contradicciones. Mientras pocas regiones del país han tenido acceso a tantas oportunidades de riqueza, pocas también siguen battiendo contra problemas tan básicos como conseguir agua potable, garantizar comida en la mesa o construir caminos que conecten sus municipios.
La historia guajira es la historia de bonanzas que llegan y se van. Primero fueron las perlas, después el dividivi, luego el contrabando y finalmente la explotación del carbón. Cada ciclo económico prometió llevar la prosperidad, pero las riquezas terminaron siendo pasajeras o concentradas en unas pocas manos, mientras el departamento seguía encabezando las listas de pobreza y necesidades insatisfechas en todo el país.
Lo que quedó de esa rueda de bonanzas fue quizás lo más perjudicial: un cambio en la mentalidad colectiva. Generaciones de guajiros dejaron de creer en hacer empresa o trabajar la tierra, aprendieron a depender de los subsidios, las regalías o la próxima bonanza que tocara las puertas. Muchos vieron que la política ofrecía más seguridad que la producción propia. Esa mentalidad de dependencia ha frenado lo que podría ser una potencia económica.
Pero hay un momento para cambiar de rumbo. Los analistas plantean que La Guajira debe olvidar de esperar más bonanzas y construir algo distinto. El agua sigue siendo la prioridad urgente: terminar la represa del Ranchería abriría miles de hectáreas para agricultura y podría convertir el departamento en la despensa agroindustrial del Caribe colombiano, en lugar de seguir importando alimentos.
Las energías renovables son otra oportunidad histórica. El sol y el viento guajiro están entre los mejores del continente, pero solo valdrán la pena si generan empleo real para la gente local, transfieren conocimiento y benefician especialmente al pueblo wayuú. El turismo también espera: Cabo de la Vela, Punta Gallinas y la riqueza cultural indígena conforman un patrimonio que pocos territorios poseen.
El mensaje es claro: La Guajira no necesita seguir esperando milagros de las bonanzas. Necesita un modelo basado en producción responsable, innovación y el talento de su gente. Cumplir 61 años debe ser el punto de partida para construir una región que se sostiene a sí misma, que compite y que prospera de verdad.
Fuente original: Diario del Norte
