Hombre disfrazado de monja intentó burlar seguridad en edificio de Barranquilla; fue delatado por su voz y las cámaras

Un sujeto se disfrazó de religiosa para ingresar a un edificio residencial en el norte de Barranquilla el pasado 2 de marzo. Logró entrar al engañar a un residente, pero su voz impostada, una llamada sospechosa y su actitud nerviosa alertaron a la administradora. Las cámaras de seguridad registraron todo, permitiendo que abandonara el lugar sin poder concretar su intención. No se reportaron robos ni agresiones.
La mañana del lunes 2 de marzo en el barrio Colombia, en el norte de Barranquilla, protagonizó una escena tan extraña como inquietante que parecería sacada de una película de suspenso. Un hombre, disfrazado con hábito blanco y gris de monja, logró colarse en un edificio residencial tras engañar a un residente que, en un gesto de cortesía, le sostuvo la puerta de entrada.
El acceso al inmueble funciona normalmente con un sistema electrónico y pin de seguridad, pero la puerta cedió ante la confianza de quien creyó estar ayudando a una religiosa. El sujeto, quien cargaba varias bolsas de supermercado y un bolso cruzado, subió tranquilamente las escaleras hasta el segundo piso donde se encontraba el apartamento de la administradora. Dijo pertenecer a las "Monjas Reparadoras" y preguntó específicamente por ella.
Lo que parecía ser una visita normal comenzó a mostrar grietas apenas inició la conversación. La administradora notó que la voz sonaba forzada, con pausas largas, como si la persona estuviera improvisando cada palabra. Durante el diálogo, el visitante hacía comentarios sobre los pájaros del apartamento y el gato que había en el lugar, pero sin un propósito real. Luego lanzó una frase que levantó las sospechas: dijo que tenía sed y que hacía mucho calor, insinuando que le abriera la reja de seguridad que protegía el acceso. La administradora se negó.
El momento más revelador llegó cuando el sujeto realizó una llamada desde su celular. En ella se escuchó decir: "Sí, positivo. Atlántico Torres. Ya tengo listo el encarguito". Esas palabras encendieron todas las alarmas. La administradora comenzó a observar más cuidadosamente: las manos eran grandes, las facciones mucho más marcadas de lo que el hábito ocultaba. No era una mujer.
Cuando el visitante miró directamente hacia la cámara de seguridad que registraba la escena, su comportamiento cambió drásticamente. Su lenguaje corporal se tensionó, comenzó a mirar hacia los lados y sus respuestas se volvieron confusas. Como si hubiera entendido que el disfraz ya no podía sostener el engaño. En ese momento, otra persona llegó al edificio, pero la administradora le hizo señas discretas para que no insistiera en entrar, evitando así que abriera la puerta.
El ambiente se volvió incómodo y el nerviosismo del intruso creció visiblemente. Las cámaras lo muestran moviéndose con inquietud, buscando una salida. Aparentaba tener aproximadamente 40 años. Después de cerca de seis minutos en el segundo piso, abandonó el edificio caminando con agilidad por las escaleras, sin confrontaciones pero con evidente prisa.
Las grabaciones se almacenaron en el sistema de seguridad y comenzaron a circular entre los residentes como advertencia. Hasta ahora no se han reportado hurtos ni agresiones, pero el episodio ha encendido la preocupación en la zona. El caso deja una lección: la delincuencia continúa buscando métodos cada vez más ingenieriles para acceder a edificios residenciales, apelando a la confianza y a disfraces improbables. Esta vez, la prudencia de la administradora y las cámaras de seguridad fueron suficientes para frustrar el intento.
Fuente original: El Tiempo - Colombia