Herencia familiar: el factor que más determina el éxito económico de los jóvenes hoy

La historiadora Eliza Filby advierte que en las economías avanzadas, la familia se ha convertido en el principal determinante del éxito económico de los jóvenes, desplazando al esfuerzo individual. No se trata solo de dinero heredado, sino de redes de contactos, educación y la capacidad de asumir riesgos sin caer en la pobreza. Para quienes no tienen este respaldo, el camino hacia la estabilidad económica es considerablemente más difícil, lo que está haciendo sociedades más rígidas y menos móviles.
Desde hace un tiempo se cuestiona cada vez más la promesa clásica de que el esfuerzo personal garantiza ascenso social. La historiadora y analista social Eliza Filby le pone nombre a esto: herenciocracia. Se trata de un fenómeno donde el origen familiar y lo que heredas de tus padres determinan cada vez más tus oportunidades económicas en el presente.
Pero no hablamos solo de dinero o propiedades. Según Filby, en las economías avanzadas "la riqueza, las oportunidades y la estabilidad dependen crecientemente del respaldo familiar". Ese respaldo incluye contactos profesionales valiosos, educación refinada, apoyo emocional y algo crucial: la posibilidad de asumir riesgos (cambiar de trabajo, estudiar una carrera cara, invertir en un proyecto) sin terminar en la precariedad. Este fenómeno no solo afecta a las élites tradicionales, sino también a las clases medias, donde la ayuda de padres a hijos se vuelve indispensable para mantener el estatus.
¿Por qué ocurre esto ahora? La respuesta está en los costos. Vivienda, educación superior y servicios de salud se han encarecido tanto que los salarios por sí solos ya no alcanzan para garantizar independencia económica. Cuando un joven necesita estudiar una carrera costosa, dar la cuota inicial para una casa o sostenerse durante una búsqueda de empleo, tener padres que puedan ayudar se vuelve decisivo. Para quienes no tienen ese respaldo, el margen es apretado. La diferencia entre dos jóvenes con la misma educación puede ser enorme si uno cuenta con esta red de contención y el otro no.
La herenciocracia también retrasa la edad en que los jóvenes logran ser económicamente independientes. Ya no es raro que alguien en sus 30 dependa parcialmente de su familia, no por falta de trabajo, sino porque sus ingresos no alcanzan para vivir solo. Filby advierte que cuando el punto de partida familiar determina tanto el punto de llegada, las sociedades "tienden a volverse más rígidas, con menor circulación entre estratos". En otras palabras, es más difícil subir de posición social si no naces en buena situación.
Lo preocupante es que pese a que hoy muchos jóvenes tienen más educación que sus padres, enfrentan mayores obstáculos económicos para prosperar. La herencia, tanto en dinero como en conexiones y oportunidades, se consolida como el motor principal del éxito económico. Esto cuestiona de fondo el ideal de que el mérito individual es lo que cuenta, invitando a repensar cómo las sociedades pueden asegurar oportunidades genuinas para quienes no tienen el colchón familiar que otros dan por sentado.
Fuente original: El Tiempo - Economía