Gobierno y Clan del Golfo retoman diálogos de paz tras crisis diplomática en Washington

Las conversaciones entre el Ejecutivo y la organización criminal se reanudaron después de que el cartel parara el proceso al enterarse de una propuesta de Petro a Trump para capturar a su líder. Los acuerdos hasta ahora incluyen municipios piloto en cuatro departamentos y la creación de zonas temporales que funcionarían desde marzo. Todavía no hay cese al fuego definido, y la muerte reciente del segundo al mando del cartel genera incertidumbre sobre el futuro de las negociaciones.
Las aguas vuelven a su cauce en la mesa de negociación entre el Gobierno y el Clan del Golfo. Después de que la organización criminal con cerca de 9.000 integrantes congelara los diálogos el 4 de febrero, ambas partes acordaron reactivar el proceso de paz. La pausa había sido contundente: el cartel se enteró de que durante la cumbre presidencial en Washington, Gustavo Petro le había propuesto a Donald Trump una operación conjunta para capturar a Jobanis Ávila Villadiego, alias Chiquito Malo, el líder de la organización.
La crisis se manejó con discreción total. El 9 de febrero hubo una reunión de emergencia en Bogotá entre delegados de ambos bandos, pero sin comunicados públicos. Solo el 17 de febrero salió un breve comunicado donde dijeron que "la sesión se desarrolló en un ambiente constructivo" y que "se han acordado los compromisos que permitirán avanzar decididamente en el proceso de paz", aunque sin especificar cuáles eran esos compromisos. Esta opacidad ha sido la marca de fábrica de esta mesa de conversaciones, que hasta ahora no ha contado con el escrutinio de la opinión pública.
¿Qué es entonces lo que han logrado acordar? La mesa funciona en Doha, Catar, donde ya completaron dos ciclos de conversaciones siendo el más reciente el del 24 de noviembre de 2025. Lo concreto hasta ahora es que identificaron una lista de municipios para "implementar acciones piloto que permitan desarrollar la etapa de consolidación de confianza". Se trata de cinco municipios en Córdoba, cuatro en Antioquia, dos en Bolívar y cuatro en Chocó. También crearon "un mecanismo de monitoreo al proceso", aunque por ahora no hay cese al fuego definido.
El acuerdo más ambicioso tiene que ver con las Zonas de Ubicación Temporal (ZUT, espacios donde el cartel concentraría a sus hombres para ser monitoreados) en Tierralta, Córdoba, y en los municipios chocoanos de Unguía y Belén de Bajirá. Estaban programadas para funcionar a partir del 1 de marzo, aunque su viabilidad está en el aire por los retrasos que generó la crisis diplomática con Washington.
Los cambios internos en la cúpula del cartel también añaden incertidumbre. El 31 de enero falleció José Gonzalo Sánchez, Gonzalito, el segundo al mando de la organización, en lo que reportaron como un accidente fluvial en Tierralta cuando se desplazaba hacia el lugar donde se construiría la ZUT. Su muerte obligó a reestructurar la línea de mando, formando una nueva junta directiva integrada por Chiquito Malo, Orosman Orlando Ostén Blanco (Rodrigo Flechas), Elkin Posada Casarrubia (el Cura o Joaquín), Wilmar Mejía Úsuga (Richard) y José Alberto Vega Albarán (Flaco Monseñor). A pesar de estos cambios, los nuevos jefes decidieron continuar en las negociaciones.
Lo que viene es incierto. Con apenas seis meses para el cambio de presidente, hay dudas sobre qué tanto podrán avanzar estas conversaciones antes de que termine la administración Petro. El proceso sigue con puertas cerradas, los acuerdos se anuncian en comunicados breves, y el país apenas puede vislumbrar hacia dónde va realmente esta apuesta de paz con uno de los carteles más poderosos del país.
Fuente original: El Colombiano - Colombia