Generación Z estudia diferente: tecnología que enriquece o empobrece según cómo se use

La generación Z ha transformado completamente su forma de estudiar, combinando videos, inteligencia artificial, documentos colaborativos y grupos de mensajería. Aunque la tecnología amplía las oportunidades de aprendizaje, su impacto depende de si el estudiante es activo o pasivo. Los expertos advierten que delegar todo el trabajo mental en herramientas digitales puede debilitar el pensamiento crítico, mientras que usarlas de forma inteligente potencia el aprendizaje profundo.
Los jóvenes de hoy no estudian como lo hacían sus padres. Mientras generaciones anteriores dependían de libros de texto y clases presenciales, la generación Z (nacida entre 1997 y 2012) crece rodeada de tecnología e inteligencia artificial que transformó radicalmente sus métodos de aprendizaje. Pero antes de juzgar si esto es bueno o malo, conviene entender exactamente qué cambió.
Hoy los estudiantes preparan sus exámenes en un entorno donde acceder al conocimiento es inmediato. Ven videos de 15 minutos en YouTube, comparten apuntes en documentos colaborativos, resuelven dudas en grupos de WhatsApp donde compañeros explican conceptos, y usan inteligencia artificial para reforzar su comprensión. Según el informe Pisa 2022, el alumnado que usaba dispositivos digitales hasta una hora diaria con fines de aprendizaje obtenía hasta catorce puntos más en matemáticas que quienes no los usaban. Estas no son distracciones: pueden ser formas sofisticadas de aprendizaje multimodal.
Los estudiantes aprenden viendo cómo otros resuelven problemas en pantalla, reciben explicaciones en audios, y participan en comunidades donde enseñar a otros también los ayuda a aprender mejor. Esto coincide con teorías psicológicas conocidas: cuando alguien te explica un concepto, no solo te ayuda sino que también reorganiza su propio conocimiento. Los expertos lo llamaron "efecto protégé" y la tecnología ha multiplicado las oportunidades de hacerlo.
Sin embargo, aquí aparece la advertencia importante. La misma herramienta digital que enriquece al estudiante que la usa estratégicamente puede empobrecer al que simplemente la consume pasivamente. Recientes investigaciones muestran que el uso frecuente de inteligencia artificial correlaciona con menor pensamiento crítico, especialmente en jóvenes que delegan sistemáticamente sus tareas mentales en sistemas externos. Un estudio midió mediante ondas eléctricas la actividad cerebral de estudiantes redactando ensayos con ChatGPT: quienes lo usaron mostraron menor conectividad neural, menor sentido de autoría y peor recuerdo posterior del texto. Los investigadores lo llamaron "deuda cognitiva".
El dilema es claro: cuando una herramienta elimina el esfuerzo, también elimina el aprendizaje real. La psicología cognitiva demostró que cierto grado de dificultad es lo que realmente consolida la memoria a largo plazo. Por eso el aprendizaje profundo requiere fricción productiva: explicar a otros, debatir, contrastar fuentes, equivocarse, recibir retroalimentación, crear y reflexionar.
El resultado final depende de dos factores adicionales. Primero, la familia: si el mensaje a los hijos gira solo en torno a resultados, debilita su motivación intrínseca. Segundo, los maestros: una evaluación formativa que acompañe el proceso de aprendizaje prepara mucho mejor que una que solo mire la nota final. Cuando un estudiante tiene motivación interna, usa la tecnología para preguntar mejor; cuando solo busca evitar pensar, la tecnología se convierte en un atajo peligroso.
No se trata entonces de que la generación Z estudie peor. En muchos aspectos estudia de forma más sofisticada: combina recursos individuales con colectivos, síncronos con asíncronos, textuales con audiovisuales. Esa diversidad de apoyos enriquece, pero también exige más: saber discriminar, organizar y convertir toda esa información en comprensión real. El desafío para familias y maestros es claro: acompañar a estos jóvenes para que usen la tecnología como herramienta de pensamiento profundo, no como atajo para evitarlo.
Fuente original: El Tiempo - Vida