Ganadero asesinado en el Atlántico: la tercera tragedia de una familia perseguida por 30 años de violencia

Vicente Mercado Cepeda, ganadero colombiano, fue asesinado el viernes en la vía La Cordialidad cuando dos sicarios en moto lo interceptaron. Su muerte marca el tercer golpe brutal contra su familia en tres décadas: su hermano Alfredo fue secuestrado y asesinado en 1995, y su tío Fernando murió en 2003. Las autoridades investigan si el crimen está relacionado con la ola de extorsión que azota al departamento del Atlántico, donde el gremio ganadero reporta crecientes amenazas y cobros ilegales.
La mañana del viernes 27 de febrero, en la vía que conecta a Sabanalarga con el corredor hacia Barranquilla y Cartagena, Vicente Mercado Cepeda conducía su camioneta Toyota Hilux cuando dos hombres en moto lo persiguieron. El parrillero disparó por la ventanilla del conductor hasta que la camioneta perdió control y se estrelló contra estructuras al costado de la vía. Vicente murió en el acto. Lo que parecería un suceso aislado de violencia rural esconde algo mucho más profundo: la historia de una familia que lleva treinta años en la mira de la criminalidad colombiana.
La tragedia de los Mercado Cepeda no comenzó ayer. El 26 de noviembre de 1994, Alfredo Mercado Cepeda, hermano de Vicente, fue secuestrado por al menos cinco hombres que lo interceptaron en Sabanalarga. Las autoridades señalaron al ELN como responsable, grupo armado que entonces controlaba zonas rurales del Atlántico y Bolívar. El vehículo de Alfredo apareció abandonado en la entrada del corregimiento Arroyo de Piedra. Tras meses de silencio, el 21 de julio de 1995 su cuerpo fue hallado en una fosa común en la carretera Ovejas–El Carmen de Bolívar. Tenía múltiples impactos de bala y panfletos del ELN en los bolsillos, sello característico del grupo cuando ejecutaba a secuestrados. No era la primera vez: Alfredo ya había sido secuestrado y liberado por el mismo grupo en 1991. La familia quedó marcada para siempre.
Ocho años después, la violencia golpeó nuevamente, esta vez en la ciudad. El 22 de agosto de 2003, Fernando Cepeda Vargas, tío de Vicente, fue emboscado por sicarios en moto en la Circunvalar de Barranquilla, frente al barrio El Pueblito. El homicidio escaló rápidamente en el ámbito judicial por sus conexiones políticas. Declaraciones de exparamilitares vincularon el crimen a procesos penales aún en discusión dos décadas después, relacionados con corrupción y pugnas de poder en la capital atlanticense. Una segunda tragedia, ahora con tinte urbano.
Ahora, en 2026, la tercera. Las autoridades concentran esfuerzos en cámaras de seguridad, patrullajes en rutas aledañas y coordinación entre la Policía del Atlántico, la Sijín y el CTI. La hipótesis que gana terreno es la de un crimen por extorsión, aunque no descartan otras líneas de investigación. La verdad es que el asesinato de Vicente encaja perfectamente en el patrón de violencia que vive el departamento en este momento.
El gremio ganadero ya está en alerta máxima. Las organizaciones que representan el sector ganadero, comercial y de transporte advierten un ambiente creciente de presiones, amenazas y cobros extorsivos. Barranquilla es hoy la segunda ciudad con más extorsión en Colombia, solo detrás de Bogotá, según reconoció el Gaula, con el agravante de que la capital atlanticense tiene cerca de 7 millones de personas menos que Bogotá. Grupos criminales atomizados, pequeñas células que cobran por "dejar trabajar", redes que exigen pagos por tránsito de mercancías. Esto es lo que vive el Caribe colombiano ahora.
A pesar del peso político del apellido de Vicente, relacionado con el senador conservador Efraín Cepeda Sarabia, la familia no pudo escapar del flagelo. El caso ha escalado a nivel nacional, pero en las zonas rurales de Sabanalarga, Baranoa, Luruaco y Repelón la sensación es de abandono. El gremio insiste que llevan meses pidiendo patrullaje, vigilancia y protección. Mientras las investigaciones avanzan, en el Atlántico persiste el miedo: la extorsión sigue cobrando vidas, y nadie parece estar a salvo.
Fuente original: El Tiempo - Colombia

