Frederiksen renuncia tras debacle electoral en Dinamarca, pero podría seguir como primera ministra

La primera ministra danesa Mette Frederiksen presentó su renuncia al rey Federico X después de que su partido obtuviera sus peores resultados en más de un siglo. A pesar del retroceso, los socialdemócratas siguen siendo la fuerza más votada en un Parlamento fragmentado. Ahora el país busca un "explorador real" para negociar la formación de un nuevo gobierno de coalición, aunque analistas consideran probable que Frederiksen continúe en el cargo.
La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, entregó su renuncia al rey Federico X el pasado 25 de marzo después de que su partido sufriera un revés contundente en las elecciones del fin de semana anterior. Como se esperaba, la Casa Real comunicó que "después de informar sobre el resultado electoral y la situación parlamentaria, la primera ministra presentó la dimisión del gobierno". Con este paso, Dinamarca inicia un proceso complejo para armar una nueva coalición en un escenario político sin mayorías claras.
Lo que sigue ahora es una ronda de consultas entre el monarca y los líderes de los doce partidos parlamentarios. En estas reuniones privadas, deberán proponer quién consideren adecuado para fungir como "explorador real", el término danés para la persona encargada de liderar las negociaciones destinadas a formar gobierno. Finalmente, el rey asignará el mandato político a quien reúna más apoyos entre los parlamentarios. Es una mecánica típica en democracias parlamentarias fragmentadas como la danesa.
El Partido Socialdemócrata de Frederiksen vivió su peor noche desde 1903. Consiguió apenas 38 escaños de los 179 disponibles en el Parlamento, una caída de 12 curules respecto a los 50 que poseía hace cuatro años. Los números parecen devastadores, pero encierran una paradoja política que explica por qué Frederiksen aún tiene opciones reales de continuar. "Esa es la paradoja de las elecciones: que la gran perdedora, Mette Frederiksen, la primera ministra, sea también la favorita para convertirse en la próxima primera ministra", señaló la analista política Noa Redington. Su partido sigue siendo el más votado con el 21,9% de los votos, muy por delante del Partido Socialista Popular (11,5%) y el Partido Liberal (10,2%).
El panorama electoral reflejó un electorado danés harto de promesas incumplidas y preocupado por asuntos domésticos. Los votantes reclamaban soluciones en temas como el medio ambiente, el elevado costo de vida y el bienestar social. Según analistas consultados por Reuters, la derrota no fue solo consecuencia natural de gobernar, sino también una reacción específica contra las garantías económicas que el Gobierno saliente no cumplió, sumada al desgaste de siete años con Frederiksen al frente. Rune Stubager, politólogo de la Universidad de Aarhus, fue categórico: "Esta pérdida fue mayor de lo que se podría explicar simplemente por el coste de gobernar".
Curiosamente, la postura desafiante de Frederiksen frente a las ambiciones del presidente estadounidense Donald Trump de adquirir Groenlandia (territorio semiautónomo de Dinamarca) no alcanzó para salvaguardar su posición. La política interna prevaleció sobre cualquier consideración de política exterior. Ella y sus socios de coalición perdieron el respaldo que habían cosechado en 2022.
El panorama que se abre en Dinamarca es de una fragmetación que, sin embargo, no es desconocida para el país. Tanto el Partido Liberal como otros movimientos de derecha también sufrieron retrocesos. El principal rival de Frederiksen es el centroderechista Troels Lund Poulsen, quien ya adelantó que no tiene intención de gobernar nuevamente con los socialdemócratas. Históricamente, los daneses acostumbran formar gobiernos de coalición que combinan partidos del "bloque rojo" (izquierda) y el "bloque azul" (derecha), tal como sucedió en la administración saliente, la primera de estas características en décadas. Las próximas semanas definirán quién encabezará el próximo gobierno.
Fuente original: France 24 - Europa



