Fracking: cómo funciona la técnica de extracción que genera debate por sus riesgos ambientales

El fracking es una técnica que inyecta fluidos a alta presión para extraer petróleo y gas atrapados en rocas. Aunque permite acceder a yacimientos difíciles de explotar, expertos advierten sobre sus impactos: consumo masivo de agua, contaminación de acuíferos, emisiones de metano y efectos en ecosistemas. Varios países han implementado restricciones o prohibiciones a esta práctica.
La extracción de petróleo y gas mediante fracking se ha convertido en motivo de controversia internacional en los últimos años. Ambientalistas, comunidades locales y gobiernos cuestionan los posibles efectos de esta técnica en el agua, los ecosistemas, la salud pública y el clima. Expertos plantean la necesidad de aplicar el principio de precaución antes de autorizar nuevos proyectos de este tipo.
El fracking, también llamado fracturación hidráulica, es un método para extraer hidrocarburos que están atrapados en formaciones rocosas donde fluyen con dificultad. A diferencia de los yacimientos convencionales donde el petróleo o gas salen naturalmente hacia la superficie, en estos depósitos no convencionales los combustibles permanecen retenidos en la roca, por lo que se necesitan técnicas especiales para liberarlos.
El proceso comienza con la perforación de pozos muy profundos, a veces de miles de metros, frecuentemente en dirección horizontal a través de la roca. El pozo se aísla con tuberías y cemento para proteger las capas geológicas cercanas. Luego se crean fisuras pequeñas en la roca usando herramientas especializadas. Después se inyecta una mezcla de agua, arena y químicos a presión muy alta. Esta presión abre nuevas grietas en la roca mientras la arena las mantiene abiertas, permitiendo que el petróleo o gas fluya hacia el pozo. Los aditivos químicos cumplen funciones operativas como reducir la fricción.
Uno de los mayores cuestionamientos tiene que ver con el consumo de agua. Un solo pozo puede necesitar entre 9.000 y 29.000 metros cúbicos de agua, cantidad que se multiplica cuando se desarrollan varios pozos en el mismo campo. Como la inyección ocurre en periodos cortos, genera preocupación sobre la presión que esto ejercería en las fuentes hídricas de las regiones, afectando a comunidades, agricultura y ecosistemas naturales.
Existe también inquietud sobre la contaminación de acuíferos subterráneos y aguas superficiales. Los fluidos inyectados retornan parcialmente a la superficie y deben recibir tratamiento especializado antes de disponerse porque contienen compuestos potencialmente peligrosos. Estudios analizados por organizaciones conservacionistas han identificado posibles fugas de metano, un gas que contribuye al calentamiento global, así como un aumento de actividad sísmica en zonas cercanas a las operaciones. Además, esta técnica requiere intervenir amplias extensiones de terreno, afectando bosques, la conectividad entre ecosistemas y la estabilidad de los suelos.
Debido a estas preocupaciones, muchas jurisdicciones en países como Estados Unidos, Canadá, Argentina, Australia, España, Francia, Alemania, Irlanda, Escocia y Uruguay han implementado restricciones o prohibiciones para el fracking.
Fuente original: El Tiempo - Vida