Falta legalizar tierras: el obstáculo que frena la inversión agrícola en Colombia

La FAO advierte que solo el 35% de las tierras en Colombia tienen registro formal, lo que desalienta la inversión rural porque los campesinos no se sienten seguros de sus derechos. La conferencia también destaca rezagos en acceso a tierras para mujeres y la necesidad de mayor presencia estatal en zonas afectadas por violencia. Los expertos instan a acelerar los trámites de titulación, que ya pueden hacerse por tecnología satelital.
En Cartagena se desarrolla esta semana la Conferencia Internacional sobre Reforma Agraria y Desarrollo Rural, donde especialistas internacionales han puesto el dedo en la llaga del problema más urgente del campo colombiano: la falta de títulos legales para la tierra. Máximo Forero, economista jefe de la FAO, fue claro al señalarlo como "el principal freno" no solo en Colombia sino en todos los países que intentan modernizar su sector rural. Según datos que presentó, apenas el 35% de la tierra tiene registro formal en el país, lo que significa que millones de hectáreas funcionan en la informalidad.
Esta cifra suena lejana, pero impacta directamente en el bolsillo de los campesinos y en la economía del país. Sin un título legal en la mano, un agricultor no puede acceder a créditos bancarios, no puede hacer inversiones de largo plazo en su terreno y vive con la incertidumbre constante de perderlo. Forero lo explicó así: "Más de mil millones de personas se sienten inseguras sobre el derecho de sus tierras. Si las personas no tienen seguridad, no van a invertir. La gente piensa que tiene que trabajar, para luego posiblemente perderlo". Esta inseguridad es paralizante. Un campesino que no está seguro de que la tierra que trabaja sea realmente suya no arriesga su dinero en semillas mejoradas, sistemas de riego o máquinas. Y sin eso, su productividad estanca y el campo se queda rezagado.
La embajadora de Colombia ante la FAO, Jhenifer Mojica, fue más directa al hablar de las causas del retraso. Afirmó que el proceso de titulación se aplaza porque hay "intereses que no quieren claridad". Pero también señaló que la solución existe y es factible: "La titulación de tierras es un proceso que hoy en día se puede hacer hasta de manera satelital. Tenemos que ser más eficientes". Es decir, la tecnología ya existe. Lo que falta es voluntad política para implementarla con agilidad. Mojica aclaró por qué esto es tan importante: "La gente con un título se atreve a hacer un crédito y con un crédito se atreven a trabajar en el campo".
Más allá del problema de la titulación, la conferencia también resaltó brechas alarmantes en el acceso a la tierra para las mujeres. Forero señaló que "las mujeres continúan enfrentando desventajas en la documentación de las tierras. La evidencia muestra que las mujeres tienen consistentemente menos posibilidades que los hombres de poseer tierras". Es una desigualdad que los asistentes no pasaron por alto: las mujeres trabajan la tierra, pero no siempre tienen derechos formales sobre ella.
Otro aspecto crítico que emergió de los debates es la necesidad de que el Estado esté presente en los territorios donde aún opera la violencia. Miroslav Jenča, representante de la ONU en Colombia, fue enfático: "No solo es acceso a tierra, implica presencia efectiva del Estado. Cuando existen oportunidades legales y presencia estatal, se reduce el espacio para la acción de grupos armados y economías ilícitas". La idea es que una reforma agraria efectiva no es solo entregar títulos, sino garantizar que el Estado proteja esos derechos y cree condiciones para que la inversión rural sea segura.
El ministro de Agricultura de Brasil, Paul Teixeira, propuso que estas conferencias se repitan cada dos años en lugar de cada veinte, para que los acuerdos no queden en promesas olvidadas. También hizo un llamado a que los países desarrollados, responsables de la crisis climática, financien la recuperación ambiental en manos de los campesinos más pobres. Se trata de una conexión importante: la formalización de tierras y la inversión en desarrollo rural van de la mano con la sostenibilidad ambiental.
Fuente original: Portafolio - Economía