Facatativá bajo agua: 2.500 familias pierden sus casas por desbordamiento e infraestructura colapsada

Fuertes lluvias desbordaron el río Botello en Facatativá, dejando más de 2.500 familias damnificadas en 15 barrios y 5 veredas. El colapso del sistema de alcantarillado y obstrucciones en el cauce agravaron la situación. Las autoridades activaron ayudas humanitarias y trabajos de dragado para mitigar los daños, mientras Cundinamarca enfrenta 44 emergencias solo en marzo.
Facatativá despierta con una pesadilla de agua y lodo. Las lluvias de las últimas horas rebasaron el río Botello, transformando sectores como Villas de Manjuí, Girardot, Villa Miriam y Villa Olímpica en escenarios de desolación. Muebles flotando, enseres destruidos y familias sacando lo poco que les queda a la calle para salvarlo del agua. Así está la realidad en 15 barrios y 5 veredas del sur del municipio, donde más de 2.500 familias vieron cómo el agua se llevaba sus hogares.
El alcalde Luis Carlos Casas explicó lo que pasó bajo tierra. El río Botello recibe las aguas de las quebradas Mancilla y San Rafael. Cuando llueve así de fuerte, se junta mucha materia orgánica, lo que él llama "buchón", que forma un tapón de basura y sedimentos. Ese atasco presiona el agua hacia arriba, como cuando un tubo de desagüe se obstruye. El problema se multiplicó porque el alcantarillado de barrios como La Paz también colapsó, dejando el agua con ningún lugar adonde ir. El resultado fue una inundación que mezcló agua de lluvia con aguas residuales.
No es solo un problema de naturaleza. Facatativá tiene fallas graves en su infraestructura. Un río sin mantenimiento, tuberías que no aguantan, obstáculos que se acumulan. "Tenemos la aglomeración ya de material biológico, el buchón, y por la fuerza del río nos está generando un tapón", describió Casas. Para responder, pidieron una draga que quite los escombros del fondo del río y baje el nivel del agua. Mientras llega, se hacen censos puerta a puerta para saber quién necesita qué: comida, colchones, frazadas.
La situación de Facatativá es solo el síntoma de un problema más grande en Cundinamarca. El gobernador Jorge Rey reportó más de 14 incidentes en el departamento por desbordamientos y movimientos en masa que han dañado carreteras y pueblos. En Pacho, el río Negro arrasó con parte de una vía departamental. En San Francisco, los deslizamientos cerraron la carretera Bogotá–Villeta. Solo en marzo van 44 emergencias registradas. En el primer trimestre del año suman 115. Eso equivale a casi una emergencia cada día en la región.
Las autoridades desplegaron 97 personas y 33 frentes de trabajo con maquinaria pesada para tratar de recuperar carreteras y frenar daños mayores. Es una respuesta de corto plazo. Lo que realmente se necesita es inversión en drenajes, limpieza de cauces y mantenimiento preventivo. Las inundaciones en Colombia no son sorpresas meteorológicas: son el choque entre lluvias cada vez más intensas y una infraestructura que nadie ha arreglado.
Para las familias de Facatativá, la recuperación apenas comienza. Mientras las máquinas trabajan en el río, ellos intentan secar lo que queda de sus vidas en el patio. Lo que paguen en reconstrucción saldrá del bolsillo de gente que ya estaba ajustada. Esa es la factura real de las inundaciones: no solo destruye casas, destruye economías familiares que tardarán meses o años en recuperarse.
Fuente original: Portafolio - Economía