Exrector Wasserman cuestiona nombramiento de Múnera: "Fue contrario a las leyes"

Moisés Wasserman, exrector de la Universidad Nacional entre 2006 y 2012, publicó una columna de opinión en El Tiempo donde critica el nombramiento de Leopoldo Múnera como rector, asegurando que violó las normas universitarias. Wasserman señala que la constituyente universitaria impulsada por Múnera tuvo baja participación (6,7 por ciento de estudiantes y 25,4 por ciento de docentes) y escasa acogida en la comunidad académica. El científico advierte sobre la necesidad de proteger la autonomía universitaria y cuestiona si el proceso reflejó realmente los intereses académicos de la institución.
Moisés Wasserman, químico y exrector de la Universidad Nacional de Colombia, salió al paso del nombramiento de Leopoldo Múnera en la rectoría con críticas contundentes desde las páginas de El Tiempo. El profesor, quien dirigió la institución entre 2006 y 2012 y actualmente es profesor titular de la universidad, tiene un extenso historial académico que incluye un doctorado en Bioquímica de la Universidad Hebrea de Jerusalén y un posdoctorado en la Universidad Estatal de Nueva York.
En su columna de opinión, Wasserman fue directo al punto: "El nombramiento del profesor Múnera como rector de la Universidad Nacional fue un acto contrario a las leyes y las normas propias de la universidad". El exrector hizo énfasis en que no se trata de una interpretación discutible sino de "un hecho jurídico firme", respaldado según él por dos sentencias del Consejo de Estado y otra del Tribunal Superior de Bogotá.
Wasserman también cuestionó el contenido académico del programa que llevó Múnera a la rectoría. Según su testimonio de lo que sucedió en el Consejo Superior Universitario, "la principal razón para que el Consejo Superior no hubiera nombrado al profesor Múnera en un principio fue que su programa era político y muy poco académico". El exrector argumentó que aunque todo puede considerarse político, las universidades deben priorizar "una buena política académica".
Durante su año y medio en el cargo, mientras se resolvían los litigios, Múnera impulsó una constituyente universitaria con el objetivo de reformar el gobierno de la institución. Wasserman observó que las propuestas de esta constituyente enfatizaban temas de "democratización" y "participación" pero tenían notablemente ausentes palabras clave como "educación, investigación, pedagogía, conocimiento" y similares. Para el exrector, esto revela un desbalance en las prioridades.
Los números de participación en el proceso fueron preocupantes. Solo el 25,4 por ciento de los docentes y el 6,7 por ciento de los estudiantes participaron en la elección de las mesas de trabajo de la constituyente. Wasserman añadió que el 53 por ciento de las listas de docentes presentaban un único candidato, y en estudiantes llegaba al 74 por ciento. Además, el 30 por ciento votó en blanco. Un estudio de profesores de estadística en la Facultad de Ciencias indicó que el 78,3 por ciento de los docentes no estaba de acuerdo con la constituyente y el 74,2 por ciento no participaría en ella.
Wasserman concluyó que "la universidad debería dar por terminado el experimento", comparando la situación con los resultados negativos en laboratorios que, asegura, suelen ser "los más informativos". Su preocupación final se enfoca en proteger la institución pública: "La Universidad pública debe ser protegida, y su autonomía, respetada. El país no puede darse el lujo de perderla o disminuir su verdadera dimensión", expresó el exrector, recordando que los gobiernos son transitorios pero las universidades perduran en el tiempo.
Fuente original: El Tiempo - Vida