Experto advierte que el cáncer de pulmón está siendo subdiagnosticado en América Latina

Un oncólogo mexicano alerta que miles de casos de cáncer de pulmón podrían no estar siendo detectados en la región debido a débiles sistemas de información sanitaria y diagnósticos tardíos. La enfermedad suele identificarse en etapas avanzadas cuando ya hay síntomas severos. Existen avances como la tomografía de baja dosis para detectar tumores tempranamente, pero la mayoría de la población desconoce estos programas de detección.
El cáncer de pulmón continúa siendo una de las principales causas de muerte por cáncer en el mundo, pero en América Latina sigue siendo una enfermedad poco visible y posiblemente subdiagnosticada. Así lo advirtió Jorge Arturo Alatorre Alexander, jefe del Servicio de Oncología Médica del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias de México, quien señaló que la magnitud real de la enfermedad podría estar siendo subestimada en varios países de la región debido a dificultades para diagnosticar oportunamente a los pacientes y a limitaciones en los sistemas de información sanitaria.
El especialista comparó las cifras reportadas entre naciones para ilustrar el problema. Mientras España, con cerca de 48 millones de habitantes, reporta alrededor de 30 mil casos anuales de cáncer de pulmón, y Cuba, con aproximadamente 11 millones, registra cerca de 7 mil casos, México reporta poco más de 9 mil diagnósticos al año pese a contar con una población cercana a los 130 millones de personas. Según sus cálculos, si México presentara tasas de detección comparables con las observadas en países con registros más sólidos, el número de casos nuevos podría ser considerablemente superior. "Lo que estamos viendo es un problema de salud que de repente nuestra población de Latinoamérica no sabe", señaló.
Uno de los principales desafíos es que el cáncer de pulmón suele diagnosticarse cuando ya se encuentra en etapas avanzadas. Los tumores pequeños generalmente no producen síntomas, pero cuando aparecen manifestaciones como tos persistente, dolor torácico, pérdida de peso o dificultad para respirar, la enfermedad usualmente está en estadio cuatro, la fase más grave. A esto se suma la demora en los procesos diagnósticos. Alatorre explicó que "los sistemas de salud que tenemos son súper diferentes, pero tienen algo en común: son súper lentos", lo que genera que muchos pacientes fallezcan antes de completar el proceso diagnóstico o antes de recibir atención especializada.
Sin embargo, el oncólogo destacó avances significativos en el manejo de la enfermedad. Uno de los más importantes es el desarrollo de programas de tamizaje mediante tomografía de baja dosis, dirigidos principalmente a personas mayores de 50 años con antecedentes de tabaquismo. Este estudio es rápido, sencillo y permite identificar tumores en etapas muy tempranas, cuando existe una alta probabilidad de curación. "Mientras más chiquitos los encontremos, mejor", afirmó. El problema, reconoció, es que tanto la población general como muchos profesionales de la salud aún desconocen la existencia de estos programas.
Otro cambio revolucionario ha sido el estudio molecular de los tumores mediante el análisis del ADN del cáncer para identificar alteraciones específicas llamadas biomarcadores. Esto permite clasificar a los pacientes en distintos subgrupos biológicos y seleccionar terapias dirigidas diseñadas para atacar alteraciones concretas del tumor. "Ya no nada más hacemos el diagnóstico de la patología, sino que empezamos a hacer técnicas donde estudiamos el ADN del tumor", explicó Alatorre. Entre el 40 y el 50 por ciento de los pacientes podría presentar algún biomarcador susceptible de recibir estos tratamientos específicos, que en muchos casos se administran en forma de pastillas y han mejorado significativamente la calidad de vida de los enfermos.
A pesar de estos avances científicos, Alatorre insistió en que uno de los mayores retos sigue siendo lograr que la sociedad y los responsables de formular políticas públicas reconozcan la verdadera dimensión del cáncer de pulmón. Cada año más de 1,8 millones de personas mueren por esta enfermedad en el mundo, pero no recibe la misma atención pública que otras crisis sanitarias. Para transformar el pronóstico en los próximos años, el especialista enfatizó la importancia de mejorar el diagnóstico temprano, fortalecer los registros epidemiológicos y garantizar el acceso a pruebas moleculares y tratamientos innovadores.
Fuente original: El Tiempo - Salud