Evan Blass, el filtrador de tecnología que revolucionó internet, revela cómo vivía de los secretos de la industria
Evan Blass fue durante dos años el informante tecnológico más confiable de internet, filtrando adelantos de productos desde su cuenta @evleaks. Padecía esclerosis múltiple e insomnio, trabajaba hasta 22 horas diarias desde Filadelfia, y sorprendentemente, algunas compañías le proporcionaban información deliberadamente para generar más cobertura mediática. Aunque ganó fama mundial, nunca logró vivir cómodamente de las filtraciones y decidió retirarse en agosto de 2014.
Durante dos años, Evan Blass fue prácticamente una leyenda en internet. El estadounidense se ganó una reputación casi mítica como el rey de las filtraciones tecnológicas, ese tipo que siempre tenía acceso a información que las grandes compañías querían mantener en secreto. Sus más de 185 mil seguidores en Twitter lo describían con adjetivos que oscilaban entre "infame" y "prolíficamente tristemente célebre". Todo cambió el 3 de agosto de 2014, cuando escribió un simple tuit: "Todo lo bueno se acaba. Gracias por estos dos años increíbles. RETIRO". Así, sin mucho drama, anunció que se retiraba del juego.
Lo curioso es que Blass no trabajaba desde una oficina corporativa o desde algún lugar glamoroso. Su operación funcionaba desde su casa en Filadelfia, donde podía pasar hasta 22 horas metido en internet recopilando información de una red global de contactos. El trabajo era mucho más pesado de lo que parecía en las redes sociales. "Hay mucho trabajo detrás de hasta las filtraciones más pequeñas", le dijo a la BBC en su primera entrevista en cámara. "Pero cuando lo ves en Twitter no lo parece. Parece que te llevó cinco minutos".
La razón de su dedicación extrema tenía una explicación personal: Blass padecía esclerosis múltiple, una enfermedad que limitaba su movilidad, y además sufría de insomnio crónico. Paradójicamente, ese trastorno del sueño lo hacía más productivo. Su carrera despegó de verdad en agosto de 2012, cuando filtró información sobre los Nokia Lumia 820 y 920. Desde entonces, se convirtió en la fuente más confiable para conocer qué andaban preparando los grandes fabricantes.
Lo más interesante es que Blass nunca reveló cómo conseguía la información, pero era evidente que tenía fuentes dentro de la industria. Y aquí viene lo irónico: algunas compañías que públicamente se quejaban de las filtraciones, en realidad las promovían. "Las compañías siempre dicen que están descontentas con las filtraciones, pero eso no es verdad", confesó. "Más de una y más de dos me han dado material para filtrar". Según su análisis, una filtración bien timed generaba muchísima más cobertura mediática que un lanzamiento controlado. Con el LG G3, por ejemplo, consiguieron 20 espacios informativos gracias a sus filtraciones, en lugar de los cuatro o cinco que habrían logrado normalmente.
Para productos como los iPhones, la mayoría de las piezas ya se filtraban desde las fábricas chinas donde se fabricaban. "El mayor riesgo de todos es que la gente que hace menos dinero, que son los trabajadores de las fábricas en China, probablamente reciban mucho dinero por revelar piezas o sacar información de la fábrica", explicó. Una simple foto de la pantalla de un iPhone próximo a salir podía volverse viral porque revelaba muchísimo sobre cómo sería ese dispositivo.
Pero el éxito en Twitter no se traducía en dinero real. "Fui la única persona que intentó hacer de las filtraciones un trabajo profesional", reconoció. Ganaba lo suficiente para intentar vivir de ello a tiempo completo, pero nunca fue un salario estable ni comparable al de un empleo convencional. Ahora que se retiró, Blass dijo algo que resume todo: duerme mejor sin hacer filtraciones.
Fuente original: BBC Mundo - Tecnología
