Estudio en Putumayo propone energía solar como solución para comunidades rurales e indígenas

Investigadores de la Universidad del Rosario diseñaron once sistemas solares fotovoltaicos para mejorar el acceso a energía en zonas rurales del Putumayo, donde apenas el 72 por ciento de la población tiene cobertura eléctrica. El proyecto involucró a comunidades indígenas y rurales en el diseño de las propuestas, identificando necesidades como iluminación en escuelas y refrigeración de medicinas. La energía solar resultó ser la alternativa más viable debido a las condiciones climáticas favorables del departamento.
El acceso a energía eléctrica confiable sigue siendo un lujo en muchas zonas rurales del Putumayo. Mientras en ciudades como Bogotá o Medellín la electricidad es un servicio básico garantizado, departamentos como este apenas alcanzan una cobertura del 77 por ciento, cifra que desciende al 72 por ciento en áreas rurales. A esto se suma que las tarifas eléctricas en estas regiones frecuentemente superan el promedio nacional, dejando a familias e instituciones con opciones limitadas.
Ante esta realidad, investigadores de la Universidad del Rosario liderados por Nelly Alberto Sierra y Margareth Cantillo Cuello decidieron buscar alternativas. Realizaron un estudio en el Putumayo denominado "Empoderando al Putumayo: enfoques sistémicos para energías renovables en educación y salud", que concluyó que la energía solar es la opción más viable para cerrar estas brechas energéticas. El análisis del territorio mostró que el departamento tiene condiciones favorables: en Mocoa registran una irradiación promedio de 4,52 kilovatios hora por metro cuadrado al día, indicador que demuestra disponibilidad consistente de luz solar durante gran parte del año.
Lo particular de este trabajo fue cómo se realizó. En lugar de que expertos en laboratorios diseñaran soluciones sin conocer el terreno, el equipo de investigadores desarrolló talleres directos con las comunidades. Realizaron encuentros en Mocoa y en el resguardo indígena Inga de Yunguillo, invitando a estudiantes, docentes, familias y líderes locales a explicar qué necesitaban realmente. Las mujeres fueron protagonistas: representaron el 61,5 por ciento de asistentes a los talleres. De esta participación surgieron necesidades concretas como iluminación confiable en escuelas, energía para equipos tecnológicos, mejor ventilación en aulas y refrigeración de medicamentos y vacunas.
"La transición energética no puede construirse únicamente desde los laboratorios o desde los centros urbanos. Debe nacer del diálogo con las comunidades y responder a las necesidades reales de quienes viven en los territorios", explicó la profesora Nelly Cantillo. La académica enfatizó que las comunidades no fueron simplemente consultadas, sino que participaron activamente en la formulación de soluciones. "La comunidad no fue una fuente de información para el proyecto; fue parte activa de la construcción de las propuestas. Cada decisión técnica estuvo respaldada por las necesidades y expectativas expresadas por quienes habitan el territorio", afirmó.
Como resultado, los investigadores diseñaron once sistemas solares fotovoltaicos. Diez fueron pensados para instituciones educativas rurales de Mocoa y uno para un futuro centro de salud en el resguardo indígena. Los sistemas tendrían capacidades que oscilan entre 10 y 200 kilovatios pico, dependiendo de cuánta energía requiera cada lugar. El reconocimiento internacional llegó cuando el proyecto fue uno de los cinco seleccionados para recibir financiación del programa Frontiers Seed Funding de la Royal Academy of Engineering del Reino Unido, que valoró tanto la calidad científica como el enfoque participativo.
Aunque la investigación formal concluyó en 2025, los responsables continúan buscando recursos para implementar las propuestas diseñadas. El equipo contó con apoyo de universidades de Antioquia, Chile, Kenia, Suecia y el Reino Unido, así como de la Secretaría de Educación del Putumayo, mostrando que solucionar problemas de energía en territorios rezagados requiere colaboración nacional e internacional.
Fuente original: El Tiempo - Vida