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Estimulación del nervio vago: un tratamiento para epilepsia, depresión y migrañas cuando otros fallan

Fuente: Mediplus - Qué hay de nuevo

La estimulación del nervio vago es un procedimiento quirúrgico que implanta un dispositivo bajo la clavícula para enviar pulsos eléctricos al cerebro a través del nervio vago. Se usa cuando tratamientos convencionales no funcionan en condiciones como epilepsia resistente a medicamentos, depresión severa y migrañas crónicas. Requiere seguimiento permanente y puede tener efectos secundarios temporales como cambios en la voz y dificultad para tragar.

Un dispositivo del tamaño de una moneda podría cambiar la vida de pacientes con epilepsia que no responden a medicamentos, depresión resistente al tratamiento o migrañas incapacitantes. Se trata de la estimulación del nervio vago, un procedimiento que implanta un generador de impulsos bajo la clavícula izquierda para enviar suaves corrientes eléctricas al cerebro.

El nervio vago es como una autopista de comunicación entre el cerebro y el resto del cuerpo. Recorre el cuello, el tórax y el abdomen, controlando funciones involuntarias como la respiración, la digestión, la frecuencia cardíaca, y también permite que podamos tragar y hablar. El dispositivo aprovecha este nervio para modificar cómo funcionan ciertas células cerebrales, alterando sustancias químicas que regulan el estado de ánimo y reduciendo convulsiones.

La cirugía dura entre 45 y 90 minutos. El cirujano hace una pequeña incisión en el cuello para localizar el nervio vago izquierdo y otra en el pecho para implantar el generador. Los electrodos conectan ambas estructuras, permitiendo que el dispositivo envíe sus pulsos eléctricos. La mayoría de pacientes puede irse a casa el mismo día o al siguiente, aunque sentirá dolor e inflamación en las incisiones durante algunos días.

La FDA aprobó esta técnica para varios usos. En epilepsia, funciona en personas mayores de 4 años que no responden a medicamentos antiepilépticos convencionales y no pueden someterse a cirugía cerebral. La estimulación disminuye la frecuencia y gravedad de las convulsiones y acelera la recuperación después de cada crisis. En depresión resistente, se utiliza en adultos mayores de 18 años que no han mejorado con otros tratamientos. También se emplea para recuperar funciones en brazos y manos después de un accidente cerebrovascular, y existe una versión externa aprobada específicamente para prevenir migrañas y cefaleas en racimos.

No es un procedimiento para todos. Algunos pacientes no pueden recibirlo si tienen problemas respiratorios sin tratar como apnea del sueño, EPOC o asma, úlceras estomacales activas, ritmos cardíacos anormales, antecedentes de ciertos trastornos mentales o pensamientos suicidas. Además de los riesgos generales de cualquier cirugía, existen riesgos específicos como daño a nervios cercanos, infección o complicaciones en el pecho y el cuello.

Después de implantar el dispositivo, llega la fase de programación. Entre 2 y 4 semanas después de la cirugía, el médico ajustará cómo funciona el aparato. Inicialmente se configura con niveles bajos para observar cómo responden los síntomas. El paciente recibe un imán de mano para usar en casa. Al pasarlo sobre el dispositivo, recibe estimulación adicional; al retirarlo, vuelve a su ciclo programado. Esto es especialmente útil en epilepsia: si siente que viene una convulsión, puede activar estimulación extra.

Los efectos secundarios son comunes al principio pero generalmente desaparecen con el tiempo. Incluyen cambios en la voz, ronquera leve, sensación de cosquilleo en la garganta, tos, dificultad para respirar o tragar, dolor en el cuello, náuseas y hormigueo en la piel. También pueden presentarse dolores de cabeza e insomnio. Es crucial asistir a revisiones periódicas para que el médico verifique que el dispositivo funcione adecuadamente, controle la batería y ajuste la programación si es necesario.

Es importante tener claro que esta no es una cura. La terapia puede mejorar significativamente la calidad de vida, pero no funciona para todos los pacientes. Saber qué tan bien responderá cada persona puede tomar un año o más. Ante cualquier procedimiento imagenológico como resonancia magnética, debe consultar con su médico, ya que podría interferir con el funcionamiento del dispositivo.

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