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Enfermedades autoinflamatorias: cuando el sistema inmune ataca los tejidos sanos

Fuente: Mediplus - Qué hay de nuevo

Las enfermedades autoinflamatorias son afecciones raras en las que el sistema inmunitario desencadena inflamación sin una razón clara, causando fiebre, erupciones y dolor articular. Aunque poco frecuentes, existen más de 50 tipos diferentes, algunos hereditarios. El tratamiento depende del tipo de enfermedad, pero la mayoría se pueden controlar con medicamentos y seguimiento médico continuo.

Cuando el sistema inmunitario funciona correctamente, protege el cuerpo detectando y combatiendo sustancias nocivas como bacterias, virus y toxinas. Pero en las enfermedades autoinflamatorias, algo sale mal en este proceso de defensa y el organismo comienza a atacar sus propios tejidos sanos sin una razón aparente, desencadenando episodios de inflamación que se manifiestan en forma de fiebre, erupciones en la piel, dolor articular e hinchazón.

Estas condiciones, conocidas también como enfermedades autoinflamatorias sistémicas, son poco frecuentes. La mayoría se diagnostican en la infancia, aunque pueden presentarse a cualquier edad. Es importante aclarar que no son lo mismo que las enfermedades autoinmunes, aunque ambas involucren el sistema inmunitario. La diferencia está en el nivel de defensa del cuerpo donde ocurre el problema. Las enfermedades autoinflamatorias se originan en la inmunidad innata (la protección con la que nacemos), mientras que las autoinmunes afectan la inmunidad adaptativa (la que aprendemos conforme crecemos). Existen más de 50 tipos diferentes de estas enfermedades, incluyendo la fiebre mediterránea familiar, el síndrome de Behçet y la enfermedad de Still del adulto.

La causa principal está en defectos del sistema inmunitario, frecuentemente relacionados con mutaciones genéticas. Por eso, si sus padres o hermanos padecen una de estas enfermedades, usted tiene mayor riesgo de desarrollarla también. En algunos casos, factores ambientales pueden desencadenar los brotes, incluso el estrés y la ansiedad juegan un papel importante.

El tratamiento busca reducir los episodios de inflamación y prevenir daño a órganos como el corazón, riñones, hígado y ojos. Los médicos pueden prescribir medicamentos antiinflamatorios como ibuprofeno o naproxeno, aunque solo durante períodos breves. También se usan corticosteroides, colchicina y medicamentos más especializados llamados agentes biológicos, que funcionan suprimiendo la respuesta inmunitaria excesiva. Estos últimos son costosos y generalmente requieren autorización previa de las EPS para su cobertura.

Aunque la mayoría de estas enfermedades son crónicas, sus síntomas se pueden controlar con tratamiento continuo y seguimiento médico regular. En algunos casos, especialmente en niños, los síntomas pueden desaparecer con el tiempo. Como no existe forma de prevenir estas enfermedades por su origen genético, lo más importante es detectarlas a tiempo y buscar atención inmediata si hay fiebre inexplicable que aparece y desaparece, erupciones o dolor articular sin causa conocida. El control periódico con su médico es clave para prevenir complicaciones graves y mantener una mejor calidad de vida.

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