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Enfermedad inflamatoria intestinal en niños: qué deben saber los padres

Fuente: Mediplus - Qué hay de nuevo

La enfermedad inflamatoria intestinal es una condición crónica que causa inflamación en los intestinos y afecta principalmente a adolescentes y adultos jóvenes. Se presenta en dos formas: la enfermedad de Crohn, que puede afectar todo el tubo digestivo, y la colitis ulcerosa, que daña solo el intestino grueso. Los síntomas incluyen dolor abdominal, diarrea, fatiga y pérdida de peso, y el tratamiento combina medicamentos, cambios en la dieta y, ocasionalmente, cirugía para controlar la inflamación.

Cuando un niño sufre de enfermedad inflamatoria intestinal, se enfrenta a una condición crónica que dura mucho tiempo o va y viene constantemente, causando que partes del intestino se inflamen. Existen dos tipos principales: la enfermedad de Crohn, que puede afectar cualquier parte del tubo digestivo desde la boca hasta el ano y lesiona toda la pared intestinal, y la colitis ulcerosa, que daña solo el intestino grueso y genera úlceras en su revestimiento interno.

Los síntomas más evidentes son el dolor abdominal y la diarrea persistente, pero también pueden presentarse otros signos como sangre en las heces, fiebre, fatiga, pérdida de peso e incluso retrasos en el crecimiento. Algunos niños experimentan problemas adicionales como erupciones en la piel, afecciones oculares, dolor articular y problemas hepáticos. Lo complicado es que estos síntomas aparecen y desaparecen, lo que puede retrasar el diagnóstico.

La causa exacta sigue siendo desconocida, pero los médicos creen que resulta de una combinación de factores genéticos, inmunitarios y ambientales. Aunque la dieta y el estrés pueden empeorar los síntomas, no son la causa principal de la enfermedad. La condición tiende a ser hereditaria, aunque no todos los afectados tienen antecedentes familiares.

El diagnóstico requiere análisis de sangre, examen de heces, radiografías y posiblemente técnicas de imagen como tomografía o resonancia magnética. Los médicos también pueden realizar una endoscopia o colonoscopía, procedimientos que permiten observar el interior del tubo digestivo mediante un tubo con cámara para detectar inflamación, sangrado o úlceras, y tomar muestras para analizar en laboratorio.

El tratamiento combina medicamentos antiinflamatorios, agentes que suprimen la respuesta inmunitaria excesiva, y en algunos casos fármacos biológicos que bloquean las proteínas causantes de la inflamación. La alimentación juega un papel importante: los niños necesitan ingerir variedad de alimentos, mantenerse hidratados y evitar aquellos que empeoren sus síntomas. Algunos requieren suplementos de vitaminas, minerales o fórmulas especiales de nutrición.

La cirugía se considera cuando hay perforación intestinal, obstrucción, hemorragia incontrolable o cuando los síntomas no responden al tratamiento. Es importante que antes de iniciar el tratamiento el niño esté vacunado y se le haga prueba de tuberculosis, pues algunos medicamentos dificultan la capacidad del cuerpo para combatir infecciones.

Más allá del aspecto físico, esta enfermedad afecta la vida emocional de los adolescentes, quienes pueden experimentar problemas de autoestima, depresión o ansiedad al no poder participar en actividades con sus amigos, especialmente durante los brotes. Los padres deben estar atentos a cambios en el estado de ánimo o comportamiento y consultar con profesionales de la salud mental si es necesario. Actividades como yoga, meditación, arte o escribir pueden ayudar a manejar el estrés. Es fundamental también que los padres acompañen a sus hijos adolescentes a asumir responsabilidad en su autocuidado, animándolos a tomar la medicación de manera consistente.

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