En la frontera, una fundación rescata adolescentes de la extraedad escolar y la crisis emocional

Actitud Resiliente, una organización en Villa del Rosario, Norte de Santander, atiende a más de mil menores migrantes y desplazados por la violencia. A través de refuerzo académico y apoyo psicológico, la fundación ha logrado que adolescentes regresen al colegio y reciban tratamiento para problemas de salud mental. El equipo trabaja sin financiación estable, pero ya impacta a miles de jóvenes que de otra forma quedarían abandonados en una zona fronteriza marcada por la crisis.
En Villa del Rosario, en la frontera con Venezuela, existe una iniciativa que ha decidido no mirar hacia otro lado. Actitud Resiliente es una fundación que trabaja día a día con adolescentes que el sistema dejó tirado: muchachos y muchachas desplazados por la violencia, migrantes, niños que quedaron por fuera de la escuela y jóvenes con crisis emocionales graves. Hoy atienden a más de mil menores en un municipio donde la migración y la pobreza han agravado problemáticas como la violencia intrafamiliar, el consumo de drogas y una ola creciente de suicidio entre adolescentes.
La historia de Nasly Camila Méndez resume por qué esta fundación existe. A los 13 años empezó a consumir alcohol y cocaína. Llegó a robar, involucraba a otros en su consumo, y poco a poco se encerraba más. Tocó fondo cuando dejó de comer, no se levantaba de la cama y no le encontraba sentido a nada. Su mamá, sin más opciones, pensaba en internarla nuevamente. Pero entonces llegó Luis Alejandro Gutiérrez, uno de los fundadores de Actitud Resiliente, con una propuesta diferente: escucharla sin juzgarla y acompañarla con apoyo psicológico constante. Hoy, cinco meses después, Nasly lleva sin consumir, se graduó del colegio y sueña con estudiar psicología para ayudar a otros jóvenes como ella.
El proyecto arrancó hace años con talleres en colegios, pero crecimiento vino en 2020 cuando ganaron una convocatoria de Usaid que les permitió formalizarse y contratar profesionales. Ahora trabajan en dos frentes. El primero es académico: crearon el Centro de Nivelación de Saberes para niños que quedaron rezagados por años y no podían entrar a un grado sin ser rechazados. En Colombia, según datos de la Ocde, uno de cada cinco adolescentes tiene al menos dos años de retraso escolar, la tasa más alta entre los países de la organización. En el centro de nivelación reciben refuerzo intensivo en matemáticas, español, inglés y otras materias, completamente gratis. Más de 180 niños y adolescentes han regresado al sistema educativo por esta puerta.
El segundo frente es más urgente aún. Durante los talleres en colegios empezaron a recibir casos de consumo de drogas, violencia intrafamiliar, ideación suicida y abuso sexual. Un diagnóstico en una institución educativa mostró cifras desgarradoras: 470 de cada mil estudiantes manifestaban pensamientos suicidas; 270 aseguraban haber intentado suicidarse, y 180 consumían sustancias psicoactivas. "Nos dimos cuenta de que había una emergencia silenciosa", recuerda Gutiérrez. Desde entonces remiten jóvenes a atención especializada con la IPS Fundación Niños de Papel, que pronto abrirá una sede en el municipio para evitar que los adolescentes tengan que viajar hasta Cúcuta.
Pero la operación es frágil. El equipo, compuesto principalmente por Gutiérrez, la docente María Alejandra Briceño y Osmar Hernández, trabaja con contratos temporales y voluntariados. Gastan 650 mil pesos mensuales en gasolina para traslados médicos. La sede funciona en un polideportivo cedido por la Alcaldía, pero no tienen financiación estable. En 2024 recibieron apoyo del ICBF durante tres meses, que extendieron dos meses más sin remuneración. Ahora esperan que la Alcaldía respalde el programa de forma permanente, conscientes de que cientos de colegios del municipio lo demandan.
A pesar de las dificultades, el trabajo se expande. Gutiérrez fue seleccionado como héroe local por la plataforma internacional GoCampaign, que reúne líderes sociales en más de 40 países. Para 2026 se proponen impactar a seis mil estudiantes en al menos cinco colegios del municipio. El equipo recorre aulas y barrios, sabiendo que aquí pueden entrar niños de cualquier nacionalidad. "No miramos nacionalidad. Aquí puede entrar cualquier niño. Lo único que buscamos es evitar que se pierdan", concluye Gutiérrez. En una frontera donde tantos llegan sin nada, alguien decidió quedarse para asegurarse de que nadie se pierda en el camino.
Fuente original: El Tiempo - Colombia

