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El sueño de ser empresario: cómo el arribismo electoral cambió los votos en Colombia

Fuente: Guajira News
El sueño de ser empresario: cómo el arribismo electoral cambió los votos en Colombia
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Después de las recientes elecciones presidenciales, se evidencia un fenómeno preocupante: votantes de clase popular apoyan candidatos que representan lo opuesto a sus intereses económicos, movidos por un "arribismo" o aspiración de ascenso social. El patrón se repite globalmente y en Colombia muchos pequeños emprendedores sin experiencia votaron por promesas de mercado sin comprender que los grandes beneficiados serían los verdaderos empresarios millonarios, no ellos. Este desplazamiento del voto tradicional de clase desintegra la política electoral tradicional.

Recién salido de una casilla electoral, un joven cajero de una tienda explicaba por qué no votaría por Iván Cepeda sino por Abelardo de la Espriella: porque quería convertirse pronto en "empresario". La anécdota es más que anecdótica. Refleja un fenómeno sociológico que está cambiando la forma en que los colombianos votamos, especialmente entre sectores que materialmente están lejos de cualquier élite económica.

El arribismo, ese término que en el Caribe colombiano algunos conocen como "espantajopismo", describe la pretensión de ser algo que no se es. Es la búsqueda de acceder a una clase superior sin importar los medios. En estas elecciones vimos manifestarse con claridad: personas que venden productos de catálogo, que conducen un carro viejo haciendo transporte informal, que tienen un ventorro de cigarros en la esquina, todas se autorepresentan como "empresarios" que producen, que aportan al país, que no dependen de nadie. Se separan así del votante de izquierda al que tildan de "atenido, menesteroso, que no aporta". Lo sorprendente es que muchos de estos pequeños emprendedores votaron por un candidato millonario que prometía reducir pensiones, salarios, días remunerados y horas extras. Es decir, votaron contra sus propios intereses económicos.

Los estudios tradicionales de sociología electoral mostraban que la clase trabajadora votaba a la izquierda y las élites a la derecha. Pero eso está cambiando radicalmente. En Estados Unidos pasó con Donald Trump, quien logró apoyo sustancial de obreros empobrecidos e incluso de latinos y afrodescendientes. Muchos latinos, una vez en territorio estadounidense, decidieron ponerse del lado de quienes los tildaban de plagas y delincuentes, creyendo así ser parte de una élite de supremacía blanca. En Colombia vimos algo parecido: según análisis de la votación, De la Espriella conquistó mayoritariamente a ricos, emprendedores, clases medias y altas urbanas, pero también penetró sectores populares que le creyeron sus promesas de salvar la seguridad y el sistema de salud en 90 días.

La paradoja es aún más evidente cuando el DANE reporta que ocho de cada diez abstencionistas potenciales que buscan movilizarse pertenecen al estrato 1, es decir, a la clase obrera, y dos de cada tres apenas completaron primaria. Justamente quienes más necesitarían protección social terminaron apoyando a quien promete recetas de mercado puro. El discurso antiizquierda canalizó emociones de agobio y funcionó como un populismo de derecha que aprovechó una clase trabajadora sin trayectoria política clara, obnubilada por la ilusión individualista de ascender en la escala social.

Lo que muchos de estos "pseudoempresarios de pueblo" no han entendido es que cuando De la Espriella anuncia decretos que benefician a los patrones y desmejoran a los trabajadores, no está pensando en el pequeño emprendedor local. Cuando se presenta como mesías de los empresarios, piensa en los grandes capitales, en los Gilinsky, Sarmiento Angulo, el Sindicato Antioqueño, los Char. El ascenso en esa pirámide económica que tanto anhelan no se logra solo votando por un candidato. Como dicen los viejos: "De eso tan bueno no dan tanto".

Fuente original: Guajira News

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