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El sabueso fino colombiano es oficialmente una raza: Colombia logra reconocimiento histórico internacional

Fuente: El Colombiano - Tendencias
El sabueso fino colombiano es oficialmente una raza: Colombia logra reconocimiento histórico internacional
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Después de más de una década de investigación, el sabueso fino colombiano acaba de recibir reconocimiento provisional de la Federación Cinológica Internacional. Este perro, que ha acompañado a campesinos desde la época de la conquista, es ahora patrimonio vivo del país. El reconocimiento abrio las puertas para que la raza sea registrada en bases de datos globales y pueda competir en exposiciones internacionales. Los estudios genéticos revelan que es resultado de la mezcla de razas europeas, norteamericanas e inglesas adaptadas al territorio colombiano.

Un perro de orejas largas, olfato incansable y ladrido potente corría por las montañas y llanuras de Colombia siglos antes de que existieran exposiciones caninas modernas. Su origen se remonta a la época de la conquista, cuando españoles, ingleses y estadounidenses trajeron sus perros de cacería que se cruzaron entre sí, generando una raza propia que se fue adaptando gradualmente a los terrenos y clima del país. Ese perro es el sabueso fino colombiano, que acaba de recibir el reconocimiento provisional de la Federación Cinológica Internacional, un hito que lo convierte en patrimonio vivo de la nación.

En las fincas y poblaciones de diferentes regiones colombianas, campesinos y labriegos siempre tuvieron estos perros de caza, aunque los llamaban de distintas formas según la zona: tinajero, aullador o bramador. Luis Alberto Martín, presidente de la Asociación Club Canino Colombiano, explica que eran "el que más cuidaban, que tenía muchas condiciones para cacería" y que a pesar de los diferentes nombres locales, "reunían unas características muy homogéneas". Sin embargo, nadie había documentado formalmente que se trataba de una raza establecida hasta que estudiantes de la Universidad Nacional, acompañados por Stefano Trindade, un entusiasta de la cinología brasilero radicado en Colombia, decidieron hacer un trabajo serio. Comenzaron a viajar por todo el país "haciendo mediciones de los perros y un censo de los mismos en diferentes lugares y anotando las diferencias entre los perros de un lugar y otro para concluir que definitivamente era una raza establecida".

El zootecnista Jonathan Álvarez Sarmiento fue uno de los investigadores principales y hoy integra el comité técnico de la raza. El proyecto tomó forma cuando Jonathan descubrió en 2012 los archivos que don Chejo Marín, un campesino, venía recopilando desde 2007. Lo fascinante fue que Jonathan mismo había crecido con una sabueso: "se llamaba Paca, pero en ese momento yo no la identificaba con ninguna raza de las que mi papá me había enseñado". Ya en la universidad, Jonathan y sus compañeros viajaron extensamente "por toda Colombia. Estuvimos en los llanos, santanderes, en La Guajira, en la Sierra Nevada, en Boyacá, en Córdoba y encontramos que sí existían estos perros". Los campesinos les abrieron las puertas de sus fincas y compartieron historias de sus padres y abuelos con la misma raza. Recopilaron información y medidas de cerca de 400 perros, que publicaron en una revista científica.

El proceso de reconocimiento internacional fue riguroso y tardío. El Club Canino Colombiano reconoció formalmente la raza hace unos 13 años, pero esto era solo a nivel nacional. Como la institución está vinculada a la Federación Cinológica Internacional, decidieron presentar un proyecto formal sobre el genotipo y fenotipo de estos animales. Realizaron pruebas genéticas y médicas para confirmar que eran perros sanos y cada vez más homogéneos entre sí. Identificaron cuatro tipos: dos de pelo liso (tamaño estándar y grande) y dos de pelo duro llamados barbillas (también estándar y grande). Cuando la FCI envió a sus jueces del comité científico, de razas y de estándares, la evaluación fue positiva. El equipo tuvo que demostrar "hasta 4 familias de perros de 5 a 6 generaciones que no se cruzaran entre ellas para comprobar que había en realidad una población grande con las mismas características". Este proceso tomó cerca de 10 años. Actualmente hay registrados aproximadamente 1.500 sabuesos finos colombianos en el país, y con todos los requisitos cumplidos, la FCI aprobó provisionalmente la raza la semana pasada.

Jonathan Álvarez dedicó 14 años a este trabajo e incluso tuvo su propia sabueso, una perra llamada Quimbaya que falleció en diciembre. Al convivir con ella aprendió que "lo que a ti te enamora del sabueso fino colombiano es el temperamento y la personalidad que tienen. Son dulces, entendidos, inteligentes. Sí, ladran duro, pero uno se termina acostumbrado". Aunque son perros cazadores por excelencia, como la cacería está prohibida en Colombia, estos animales se han adaptado bien a la vida urbana y ahora funcionan como excelentes perros de compañía. Los hay en apartamentos y ciudades sin mayores inconvenientes pese a su vozarrón característico. Su olfato excepcional los ha llevado a trabajar en aeropuertos con autoridades en tareas de rastreo, y también pueden ser "maravillosos perros de rescate", según Martín.

Julio Aguirre, decano de la facultad de veterinaria de la UniRemington, subraya que esta aprobación tiene un valor histórico y patrimonial profundo. El reconocimiento de una raza colombiana "convoca a la universidad, la opinión pública y a comités científicos a estudiar temas como caracterización de enfermedades, temas genéticos, de patologías porque se pueden identificar resistencias a antibióticos, sensibilidades a analgésicos y cuando eso se va descubriendo un médico ajusta temas de dosis, productos que puedan servir más que otros". Aguirre añade que estos hallazgos representan el valor de una raza que acompañó por siglos a labriegos y campesinos, y que "un perro, además de ser considerado el mejor amigo del hombre, sea considerado el mejor contador de historias y anécdotas de esa Colombia antigua nos lleva a reconocer ese valor en él y en todos los animales que hoy nos acompañan".

Los estudios genéticos revelaron que el sabueso fino colombiano es una mezcla compleja: 47.3 por ciento proviene de sabuesos norteamericanos, principalmente coonhounds que aportaron resistencia física y la voz característica; 20.3 por ciento de sabuesos europeos continentales como el basset hound y el bloodhound que reforzaron el olfato fino; 10.5 por ciento de razas inglesas como el beagle que contribuyeron con energía y agilidad; y 22 por ciento de una mezcla diversa que aportó rusticidad y adaptabilidad única. De ahora en adelante, los sabuesos finos colombianos podrán competir en exposiciones internacionales bajo su nombre oficial. Martín aseguró que mantendrán criterios estrictos en los registros y reproducción para que "los perros no se vuelvan máquinas", y aclaró que "habrá quienes empiecen a emitir unos registros inválidos, pero los legales se centralizan en el Club Canino Colombiano". El próximo paso es lograr el reconocimiento definitivo demostrando con el tiempo que la raza se mantiene consistente.

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