El Niño fuerte golpea a La Guajira: lluvia escasa y sequía al acecho

Los científicos advierten sobre un fenómeno de El Niño fuerte que podría traer sequía devastadora a La Guajira, similar a la registrada en 1877. El calentamiento del Pacífico bloquea las lluvias en la región, aumentando la presión sobre un territorio ya vulnerable por falta de agua. La columna de opinión urge a tomar medidas inmediatas: proteger las fuentes de agua, evitar quemas y que el sector agropecuario reduzca carga animal antes de que la crisis se agrave.
Más allá del sensacionalismo mediático que rodea el término "Súper Niño", la comunidad científica habla con precisión de un Fenómeno de El Niño fuerte o excepcional. Y aunque suene menos alarmista, la preocupación real es la misma: La Guajira podría enfrentar uno de los periodos climáticos más complicados de los últimos años.
No se trata de un simple verano intenso. Lo que está ocurriendo en el océano Pacífico tiene la capacidad de alterar completamente el régimen de lluvias en buena parte de Sudamérica, especialmente en regiones áridas y frágiles como la nuestra. Cuando los vientos alisios del Pacífico se debilitan, enormes masas de agua caliente se acumulan frente a las costas sudamericanas. Ese calentamiento modifica la atmósfera y bloquea la formación de nubes y precipitaciones sobre territorios como el nuestro. La ecuación es simple pero brutal: mientras más caliente el Pacífico, más difícil llueve aquí.
Lo verdaderamente inquietante es que climatólogos han identificado similitudes entre las anomalías térmicas actuales y las registradas en 1877, un año que quedó grabado como uno de los episodios de El Niño más devastadores de la historia. Entonces las sequías provocaron hambrunas catastróficas en varios continentes. Ver atrás en la historia no es exageración: la ciencia climática funciona observando patrones para entender los riesgos presentes. Y los patrones actuales no son tranquilizadores.
Para La Guajira el escenario es concreto: menos agua y más tensión sobre un territorio que ya sobrevive al borde de la escasez hídrica. Cuando desaparecen las lluvias, jagüeyes, arroyos y pequeños reservorios pierden capacidad rápidamente. La demanda sobre aguas subterráneas crece sin control y los pozos rendirán menos. Lo que funciona como reserva de emergencia se convierte en un recurso sobreexplotado. Ahí el problema deja de ser únicamente climático para convertirse en asunto de supervivencia.
Actuar con tibieza sería un error enorme. La Guajira necesita medidas inmediatas. Primero, proteger el agua que aún tenemos: todo tanque, pozo o jagüey debe cubrirse cuanto antes. En un departamento donde el sol castiga con intensidad y los vientos aceleran la evaporación, dejar agua expuesta es regalarla a la atmósfera. Segundo, evitar quemas a toda costa. En sequía extrema, cualquier chispa desencadena incendios forestales incontrolables. Crear guardarrayas alrededor de viviendas y parcelas ya no es exageración: es prevención básica.
La tercera decisión golpea directo al sector agropecuario. Muchos productores deberán tomar decisiones incómodas antes de que la situación empeore. Mantener grandes cantidades de ganado esperando lluvia puede terminar en pérdidas mayores. Quien no tenga reservas de forraje deberá reducir carga animal antes del punto crítico. Vender parte del rebaño a tiempo sigue siendo mejor que ver morir todo sobre tierra agrietada.
La atmósfera no responde a discursos políticos ni a promesas institucionales. Responde a las leyes de la física. El recuerdo de 1877 debe servir como advertencia. No para entrar en pánico, sino para entender que la preparación es la única diferencia entre resistir una crisis o sufrir una tragedia. La Guajira ya no necesita más diagnósticos. Necesita actuar antes de que el calor y la sequía vuelvan a tomar ventaja.
Fuente original: Guajira News

