El mar Muerto se desmorona: 6.000 socavones amenazan la región entre Israel, Jordania y Palestina

El mar Muerto pierde 1,2 metros de agua cada año por la desviación de ríos, la minería y el cambio climático. En cinco décadas su superficie se ha reducido un tercio. La crisis ha generado más de 6.000 socavones que cierran playas y balnearios, mientras propuestas de rescate como traer agua del mar Rojo permanecen bloqueadas por costos y tensiones políticas regionales.
Ubicado entre territorios israelíes, jordanos y palestinos, el mar Muerto vive una de sus peores crisis ambientales. Cada año desciende 1,2 metros y en los últimos cincuenta años ha perdido aproximadamente un tercio de su superficie. Este cuerpo de agua, considerado el punto más bajo del planeta a unos 427 metros bajo el nivel del mar, se está transformando en una zona cada vez más árida y peligrosa.
Las causas están claramente identificadas. Durante décadas, Israel, Siria y Jordania construyeron represas y desviaron agua de los ríos Jordán y Yarmuk para abastecer ciudades, cultivos y ganadería. El río Jordán que antes transportaba aproximadamente 1.300 millones de metros cúbicos de agua al mar Muerto ahora apenas llega a los 100 millones. A esto se suma la actividad minera: empresas como Dead Sea Works en Israel y Arab Potash Company en Jordania bombean agua hacia estanques de evaporación para extraer minerales como potasa y magnesio. El cambio climático agrava el panorama con sequías más intensas y lluvias menos frecuentes.
El impacto visible es alarmante. Han aparecido más de 6.000 socavones alrededor del mar Muerto. Estos se forman cuando el agua dulce penetra capas subterráneas de sal y las disuelve, debilitando el terreno y creando hundimientos. Jake Ben Zaken, operador turístico que realiza excursiones en barco desde hace más de una década, explicó que "cada año ganamos unos siete metros y medio de costa", describiendo cómo el retroceso del agua deja nuevas extensiones de tierra expuestas. La situación obligó al cierre de lugares como Mineral Beach desde 2015 y Ein Gedi, uno de los antiguos balnearios más populares, quedó con restaurantes, vestuarios y carreteras abandonados por los hundimientos.
Se han propuesto soluciones pero permanecen estancadas. Un proyecto discutido desde hace años busca transportar agua desde el mar Rojo mediante un oleoducto de más de 160 kilómetros, acompañado de una planta desalinizadora. Sin embargo, expertos advierten que el agua con distinta composición química podría alterar el ecosistema, causando proliferación de algas o formación de cristales de yeso. Otra propuesta intenta restaurar parcialmente el río Jordán reduciendo desvíos de agua y usando aguas residuales tratadas, pero especialistas consideran difícil implementarla por la alta demanda hídrica regional.
La responsabilidad industrial también está en el debate. El contrato de Dead Sea Works finaliza en 2030 y el nuevo acuerdo contempla tarifas relacionadas con el uso del agua. Expertos como Abdelrahman Tamimi, director del Grupo Hidrológico Palestino, plantean que parte de las ganancias de la explotación mineral deberían destinarse a recuperar el mar Muerto. El obstáculo principal, según Peleg Gottdiener de EcoPeace Middle East, es "la falta de sentido de urgencia política". Aunque resulta improbable devolver el mar Muerto a sus niveles históricos, los científicos mantienen que aún es posible estabilizar parte de su deterioro si hay voluntad política y cooperación regional.
Fuente original: El Tiempo - Vida