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El estrés crónico daña el corazón: cómo protegerse desde la infancia

Fuente: El Colombiano - Tendencias
El estrés crónico daña el corazón: cómo protegerse desde la infancia
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La ciencia confirma que el estrés prolongado afecta directamente al corazón, aumentando presión arterial, colesterol y riesgo de infarto. Las experiencias traumáticas en la infancia pueden generar enfermedades cardiovasculares en la adultez. Expertos recomiendan prevenir desde dos frentes: cuidar a los niños en ambientes seguros y manejar el estrés actual con ejercicio, meditación y relaciones positivas.

La relación entre lo que sentimos y lo que sucede en nuestro cuerpo dejó de ser solo una teoría popular para convertirse en un hecho científico comprobado. El estrés comienza como un mecanismo de defensa natural: cuando el cuerpo percibe un peligro (verdadero o imaginario), activa tres sistemas internos cruciales para la supervivencia: el endocrino, el inmunológico y el sistema nervioso autónomo. Esta reacción permite que nuestro organismo responda rápidamente ante amenazas, un proceso que ha permitido a la humanidad sobrevivir durante milenios.

El problema surge cuando ese estrés deja de ser una respuesta ocasional y se convuelve en algo permanente, lo que los especialistas llaman distrés o estrés mal adaptativo. En ese punto, el daño afecta especialmente al corazón y los vasos sanguíneos. La presión arterial se eleva, aumentan la frecuencia cardiaca y niveles de colesterol y triglicéridos en la sangre, los vasos se contraen reduciendo la oxigenación y elevando el riesgo de infartos o accidentes cerebrovasculares.

Pero la advertencia de los médicos va más allá del estrés que vivimos hoy. "Lo que muestran las investigaciones es que no solo afecta el corazón el estrés que se tiene en el presente, sino que las experiencias traumáticas tempranas como abuso o negligencia en el cuidado pueden llevar a enfermedades cardiovasculares en la adultez. A mayor número de experiencias adversas en la infancia, mayor riesgo de enfermedad cardiovascular a futuro", explica Antonio Carlos Toro Obando, psiquiatra y profesor de la Universidad de Antioquia.

Prevenir este daño requiere actuar en dos momentos diferentes de la vida. Durante la infancia, lo fundamental es garantizar que los niños tengan acceso a alimentación, educación, cuidado, amor y sentido de pertenencia. Según Toro Obando, "con los niños se trata de evitar eventos estresantes fuertes" y crear espacios donde puedan expresarse, sentirse escuchados y seguros. Igualmente importante es enseñarles a manejar conflictos, comprender sus emociones y expresarlas de forma constructiva.

Para los adultos que ya enfrentan estrés cotidiano, especialistas recomiendan mantener hábitos básicos como dormir bien, comer balanceado y hacer ejercicio regular. Mantener relaciones positivas y significativas también es clave para la salud cardiovascular. Igual de importante es identificar y cuestionar las cargas que uno lleva, separando aquellas que son autoimpuestas de las verdaderamente necesarias.

Técnicas como la meditación, el yoga, la respiración consciente y el taichi activan el sistema parasimpático del cuerpo, que es el encargado de apagar las alarmas cerebrales que nos mantienen en alerta constante. Esta activación calma los centros de angustia del cerebro y permite interpretar la vida desde una perspectiva más tranquila y constructiva, protegiendo así el corazón del daño que causa el estrés crónico.

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