El agua, la inversión que multiplicaría riqueza: por cada dólar invertido se obtienen 7 de retorno

La economista Mariana Mazzucato advierte que la crisis global del agua exige un cambio urgente en cómo invertimos y gobernamos este recurso. Más de dos tercios de la población mundial sufre escasez de agua, y mueren más de mil niños diarios por enfermedades relacionadas. Sin embargo, invertir en agua genera retornos económicos extraordinarios: por cada dólar invertido en saneamiento resiliente al clima se recuperan siete. El desafío es reorientar 700 mil millones de dólares anuales en subsidios y tratarla como bien común global, no como un problema técnico local.
La humanidad enfrenta una emergencia hídrica sin precedentes que reclama una transformación profunda en la forma como entendemos, valoramos y manejamos el agua. No se trata solo de una cuestión ambiental: es un asunto económico, de salud pública y de supervivencia que afecta a todos los países, aunque de manera desigual.
Los números son contundentes y preocupantes. Más de la mitad de los alimentos que consumimos globalmente proviene de regiones donde el agua dulce escasea. Dos tercios de la población mundial experimenta falta de agua al menos un mes cada año. A esto se suma una tragedia silenciosa: más de mil niños menores de cinco años mueren en promedio cada día por enfermedades causadas por agua contaminada o insuficiente. Las proyecciones también son sombrías. Si no se cambia el rumbo, los países ricos podrían perder hasta el 8 por ciento de su producto interno bruto para 2050, mientras que naciones más pobres, especialmente en África, enfrentarían pérdidas del 10 al 15 por ciento.
Pero aquí viene lo que podría transformar esta crisis en una oportunidad: los datos muestran que invertir en agua es extraordinariamente rentable. Un panel internacional especializado en inversiones hídricas para África encontró que por cada dólar invertido en agua y saneamiento resistentes al cambio climático se obtiene una rentabilidad de siete dólares. Esa relación costo-beneficio debería ser atractiva para cualquier inversionista y decisor público.
El problema, según Mazzucato, está en cómo actualmente se maneja la inversión en agua. Se sigue un modelo que minimiza riesgos para el capital privado sin garantizar beneficios públicos reales, se financian proyectos sin una dirección estratégica clara y se trata el agua como un problema técnico aislado, cuando en realidad está conectada de manera inseparable con la crisis climática y la pérdida de biodiversidad. Esto ha generado una infraestructura que beneficia más a los inversionistas que a las comunidades, agravando desigualdades existentes.
La solución propuesta requiere un cambio de mentalidad. En lugar de pensar en ganancias a corto plazo, hay que enfocarse en crear valor a largo plazo. Esto significa establecer objetivos claros y medibles, como garantizar que ningún niño muera por falta de agua potable en 2030, y luego alinear toda la inversión financiera con esa misión, involucrando múltiples sectores: agricultura, energía, manufactura e infraestructura digital. El modelo busca que los bancos de desarrollo público proporcionen capital paciente para infraestructura hídrica, mientras exigen a los socios privados que reinviertan ganancias en la protección de cuencas.
Hay un recurso clave que podría catalizar este cambio: actualmente, el mundo destina más de 700 mil millones de dólares anuales en subsidios para agua y agricultura, a menudo incentivando el uso excesivo y la contaminación. Si esos recursos se reorientaran hacia agricultura eficiente en agua y restauración de ecosistemas, con condiciones claras de cumplimiento, se podría transformar completamente la economía del agua.
En conclusión, el mensaje es directo: invertir en agua es invertir en el futuro del mundo. No es una pregunta de si podemos permitirnos actuar, sino si podemos darnos el lujo de no hacerlo.
Fuente original: El Tiempo - Vida