Edificios verdes vs. tradicionales: cómo la sostenibilidad divide el mercado de oficinas en Bogotá

El mercado de oficinas premium en Bogotá se está dividiendo: los edificios con certificaciones ambientales (LEED, EDGE, WELL) se ocupan casi completamente, mientras los tradicionales solo compiten por precio. Las empresas ahora calculan el costo total de operar una oficina, considerando ahorros en servicios públicos de hasta 40%. En zonas como Andino y Calle 100 la disponibilidad de oficinas sostenibles es apenas del 1%, mientras que el corredor de Salitre concentra casi el 50% de la oferta premium.
En Bogotá está ocurriendo algo que cambió la forma como las empresas eligen dónde ubicar sus oficinas. Ya no se trata solo de encontrar un lugar barato o bien localizado. Los edificios que invierten en energías limpias, menos consumo de agua y mejor ambiente para trabajar están consiguiendo ocupantes mucho más rápido que los convencionales. Según Cushman & Wakefield, firma especializada en bienes raíces, esta tendencia no es exclusiva de la capital. En Lima, Buenos Aires y Santiago pasa lo mismo: los edificios con certificaciones ambientales terminan completamente ocupados antes de entregar.
Juan Carlos Delgado, country manager de Cushman & Wakefield para Colombia, explicó en entrevista con Portafolio que "hoy las empresas analizan el costo total de operar una oficina, no solo el valor del arriendo. Un edificio eficiente reduce gastos en servicios públicos, mejora el bienestar de los empleados y facilita el cumplimiento de objetivos ambientales y de sostenibilidad corporativa". Lo que antes parecía un lujo ahora es casi una necesidad para empresas medianas y grandes que buscan reducir gastos operacionales.
Las certificaciones ambientales no miden lo mismo. LEED, el estándar más conocido globalmente, evalúa todo: energía, agua, materiales y calidad del aire interior. EDGE, creada por el Banco Mundial para países en desarrollo, se concentra en garantizar ahorros mínimos del 20% en energía, agua y materiales con procesos más rápidos y baratos. WELL es diferente: no evalúa el edificio sino a las personas que trabajan en él, midiendo iluminación, confort, acústica y hasta nutrición.
La brecha entre edificios sostenibles y tradicionales ya es visible en el mapa de Bogotá. El corredor de Salitre concentra casi el 50% de la oferta de oficinas premium, pero tiene una vacancia cercana al 8%. En cambio, en Andino, Avenida Chile y Calle 100, donde dominan edificios tradicionales, la disponibilidad cae al 1%. Conseguir espacios de 1.000 a 3.000 metros cuadrados en edificios certificados se ha convertido en una tarea difícil.
El dinero de la ecuación es claro. Un metro cuadrado de oficina tradicional cuesta alrededor de 35.000 pesos mensuales solo en servicios públicos. En un edificio eficiente, eso puede bajar entre un 10% y un 40% dependiendo de la tecnología. Sumado a esto, los edificios nuevos tienen menos columnas, lo que permite usar mejor cada rincón. En cálculos a dos, tres o cinco años, esos ahorros hacen que pagar más arriendo al principio termina siendo rentable.
Los fondos de inversión ya están notando esto. Aunque algunos siguen comprando edificios tradicionales para modernizarlos y revenderlos, es evidente que los activos sin certificación enfrentan presión hacia la baja. Como señaló Delgado, "los edificios que no se modernicen van a ver sus precios presionados a la baja. En algún momento van a tener que reinventarse".
Colombia está más avanzada en este tema de lo que muchos creen. La Resolución 0194 de 2025 del Ministerio de Vivienda exige mayores niveles de eficiencia energética, y aunque encarece un poco la construcción, también aumenta el valor de los activos. Bogotá y el país están a la vanguardia en Latinoamérica: hace unos 20 años se certificó el primer edificio en el país, el Novartis con LEED Silver, y desde entonces la tendencia no ha parado. Hoy EDGE es la certificación que crece más rápidamente.
Fuente original: Portafolio - Economía