Dormir ocho horas seguidas no es natural: cómo la modernidad cambió nuestro descanso

Durante la mayor parte de la historia, las personas dormían en dos turnos separados por una hora de vigilia a medianoche, costumbre que desapareció con la iluminación artificial y la Revolución Industrial. Estudios recientes muestran que cuando las personas viven sin luz artificial ni horarios estrictos, naturalmente vuelven a ese patrón de dos sueños. Los expertos explican que los despertares nocturnos son normales y que la ansiedad al no poder conciliar el sueño nuevamente es el verdadero problema.
Durante siglos, la humanidad no durmió como lo hacemos hoy. El patrón de ocho horas ininterrumpidas es en realidad un invento moderno, no algo enraizado en nuestra naturaleza biológica. La mayoría de nuestros antepasados practicaba lo que los historiadores llamaban el "primer sueño" y el "segundo sueño": dos periodos de descanso separados por una hora o más de vigilia alrededor de la medianoche.
Los registros históricos de Europa, África, Asia y otras regiones documentan esta práctica ampliamente. Cuando caía la noche, las familias se acostaban temprano, se despertaban cerca de la medianoche y luego volvían a dormir hasta el amanecer. Durante ese intervalo de vigilia, las personas no permanecían ociosas. Algunas se levantaban para avivar el fuego o cuidar animales, mientras que otras aprovechaban el tiempo para rezar, reflexionar sobre sus sueños, leer, escribir o conversar tranquilamente con la familia y vecinos. Esta costumbre era tan común que aparece mencionada en obras de autores clásicos como Homero y Virgilio, que hacen referencia a la "hora que pone fin al primer sueño".
El cambio en nuestros hábitos de descanso ocurrió durante los últimos dos siglos, impulsado por transformaciones sociales profundas. La iluminación artificial fue decisiva. A partir del siglo XVIII, las lámparas de aceite, después la iluminación de gas y finalmente la luz eléctrica, convirtieron las noches en tiempo de vigilia productiva. La gente comenzó a permanecer despierta más tarde bajo esa iluminación artificial. Desde el punto de vista biológico, esta luz brillante modificó nuestros relojes internos e hizo que nuestros cuerpos fueran menos propensos a despertarse después de pocas horas de sueño. La melatonina, la hormona que regula nuestros ciclos de sueño y vigilia, se ve retrasada por la luz en la habitación antes de acostarse.
La Revolución Industrial aceleró este cambio aún más. Los horarios de las fábricas impulsaron un modelo de descanso único y concentrado, incompatible con los dos periodos que nuestros antepasados practicaban. Trabajar según un horario industrial requería un bloque continuo de sueño, no dos fragmentados.
La investigación científica contemporánea respalda que el patrón de dos sueños es natural para nuestro cuerpo. Estudios prolongados realizados en oscuridad total y sin relojes ni luz artificial muestran que las personas tienden a adoptar espontáneamente dos periodos de sueño con un intervalo de vigilia. Un estudio de 2017 sobre comunidades agrícolas sin electricidad en Madagascar confirmó que la mayoría de las personas seguía durmiendo en dos segmentos, despertándose alrededor de la medianoche.
Los especialistas en sueño aclaran que los despertares breves durante la noche son completamente normales y ocurren naturalmente durante las transiciones entre fases del sueño, incluida la fase REM asociada con sueños vívidos. El problema real no es despertarse, sino cómo respondemos ante eso. La ansiedad por no poder volver a dormir hace que el tiempo se perciba como interminable. Sin una actividad que realizar como hacían nuestros antepasados, permanecer en cama a las tres de la madrugada genera una sensación de que los minutos se alargan infinitamente.
La terapia cognitivo-conductual para el insomnio recomienda que cuando alguien se despierte y no pueda dormir después de veinte minutos, se levante y realice una actividad tranquila con luz tenue, como leer, hasta sentir nuevamente sueño. Los expertos también sugieren tapar el reloj y dejar de medir el tiempo. Aceptar con calma el estado de vigilia, entendiendo cómo nuestra mente percibe el tiempo, puede ser la forma más efectiva de descansar nuevamente. En otras palabras, quizás no necesitamos dormir diferente, sino pensar diferente sobre nuestro descanso.
Fuente original: El Tiempo - Salud