Dormir bien, moverse 20 minutos diarios: la fórmula para reducir riesgo de demencia

Investigadores canadienses analizaron millones de casos y encontraron que hacer 150 minutos de ejercicio a la semana reduce el riesgo de demencia en un 25%, mientras que pasar más de 8 horas sentado lo aumenta 27%. El sueño también importa: dormir menos de 7 horas sube el riesgo 18%, pero dormir más de 8 lo eleva 28%. Los expertos estiman que hasta 45% de los casos de demencia podrían prevenirse cambiando estos hábitos.
Tu abuela te dice que no veas tanto celular sentado, que salgas a caminar, que duermas bien. Pues resulta que ella tiene razón, y ahora la ciencia lo comprobó con números concretos. Investigadores de la Universidad York en Canadá publicaron un análisis en la revista PLOS One que revisó decenas de estudios sobre millones de adultos mayores de 35 años, buscando entender qué tanto afectan tres hábitos al riesgo de desarrollar demencia: cuánto nos movemos, cuánto tiempo pasamos sentados y cuánto dormimos.
Comencemos con lo que probablemente esperabas escuchar. Si logras hacer al menos 150 minutos de ejercicio aeróbico cada semana (básicamente unos 20 a 22 minutos diarios), tu riesgo de demencia baja aproximadamente 25% comparado con alguien sedentario. Este resultado viene de analizar 49 estudios que en total siguieron a más de 2,8 millones de personas. ¿Por qué funciona? El movimiento mejora la circulación sanguínea, cuida tu corazón y estimula la liberación de sustancias químicas que protegen tus neuronas. Además reduce la inflamación y el estrés oxidativo, dos procesos que envejecen prematuramente tu cerebro.
Ahora el lado malo: pasar ocho o más horas al día sentado aumenta tu riesgo de demencia en 27%. Aquí viene un detalle importante que probablemente no esperabas. No es lo mismo estar sedentario que no hacer ejercicio. Alguien puede cumplir sus 20 minutos diarios de movimiento pero pasar el resto del día pegado a una silla en el trabajo, y eso sigue siendo un problema para el cerebro. Son efectos independientes, así que cuidado con ese patrón típico de oficina.
En cuanto al sueño, la cosa se pone interesante porque funciona al revés en ambos extremos. Dormir poco es malo: menos de siete horas por noche aumenta el riesgo 18% comparado con las personas que duermen entre siete y ocho horas. Pero dormir mucho también es malo. Dormir más de ocho horas eleva el riesgo 28%. Tu cerebro usa el sueño para limpiar sus desechos metabólicos y regular la inflamación, así que interrumpir ese proceso (dormiendo poco) interfiere con esos mecanismos vitales. Con el exceso de sueño la cosa es menos clara, pero podría reflejar problemas de salud ocultos o cambios cognitivos que aún no se diagnostican.
Vale la pena saber que este estudio tiene sus limitaciones. No prueba causa y efecto directamente, parte de los datos vienen de lo que la gente recuerda (y a veces se olvida o exagera), y existe la posibilidad de que cambios cerebrales tempranos ya estén modificando tus hábitos antes de que aparezca un diagnóstico formal.
A pesar de todo, la magnitud del análisis y la consistencia de los resultados le dan credibilidad. Los investigadores estiman que hasta 45% de los casos de demencia podría prevenirse o retrasarse si modificaras estos factores de riesgo a lo largo de tu vida. No es ciencia de laboratorio abstracta sino una invitación directa: muévete un poco cada día, no vivas pegado a la silla y duerme lo necesario, no más ni menos.
Fuente original: El Colombiano - Tecnología

