Desesperados por el colapso, comunidades del Tayrona cierran peaje y exigen soluciones a la crisis

La caída del puente de Mendihuaca dejó a las comunidades de la Sierra Nevada sin turismo ni ingresos. Este miércoles, habitantes se tomaron el peaje de Neguanje y obligaron a suspender los cobros como protesta. Los negocios están cerrados, los restaurantes vacíos y el transporte roto, mientras autoridades trabajan en soluciones que tomarían al menos 30 días más.
El grito de auxilio llegó cuando ya no había más paciencia. Este miércoles, las comunidades que viven en las faldas de la Sierra Nevada y a lo largo de la Troncal del Caribe decidieron que era hora de actuar. Se tomaron el peaje de Neguanje y levantaron las talanqueras, permitiendo que buses, camiones y carros particulares pasaran sin pagar. Los cobradores, superados por la presión de decenas de manifestantes, no tuvieron más remedio que rendirse. Como dijeron en la protesta: "No vamos a permitir que nadie pague un solo peso a la concesión vial hasta que se reactive la movilidad". La Policía llegó pero solo para observar.
Para los turistas fue solo un peaje abierto. Para estas comunidades fue un grito de desesperación pura. Hace semanas, cuando el puente de Mendihuaca se derrumbó, la economía de toda una región se fue con él. El turismo desapareció de la noche a la mañana. Los hostales se quedaron vacíos, los restaurantes sin clientes, y los vendedores ambulantes como Darío Jiménez explican que el problema va más allá de una estructura caída: "Para muchos es solo un puente, pero para nosotros fue el inicio de una crisis. El turismo desapareció y nos estamos quedando sin qué comer". Jimmy, que vendía chorizos en la vía, lo resume con crudeza: "Esto parece otra pandemia. Los turistas desaparecieron. El puente se cayó y nuestra economía se vino al piso con él".
Pero el puente no fue el único golpe. Después vinieron los derrumbes que siguen bloqueando la carretera. Luego el cierre indefinido del Parque Tayrona. Y como si fuera poco, un incendio destruyó 16 cabañas y tres restaurantes en Mendihuaca. Las lluvias arrasaron incluso el piedraplén provisional que había permitido algo de paso. Hoy, quien quiera cruzar entre Magdalena y La Guajira debe hacer un ritual de transbordos: baja del carro, cruza a pie lo que queda del puente, y sigue viaje en otro vehículo. Eso multiplica gastos para comerciantes como Betty, que abastece su negocio desde Riohacha: "Todos los negocios están cerrados. No hay vida por la vaina del transporte". Cada transbordo es dinero que sale del bolsillo, mercancía que se daña, tiempo que se pierde.
En Puerto Nuevo y sectores cercanos la historia se repite. El turismo se retiró impresionante apenas cayó el puente. Freddy Gómez lo explica así: "La gente le cogió miedo a cruzar". Y hay frustración por los tiempos perdidos. Los habitantes señalan que pasaron casi 12 días sin que nadie tocara la infraestructura dañada. "Si hubieran empezado desde el principio, ya estaría listo", reclaman.
Mientras tanto, Invías, la Gobernación del Magdalena, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo y el Ejército anuncian que están trabajando en un paso provisional y en la instalación de un puente militar. El problema es que todo esto podría tomar por lo menos 30 días más. El gremio bananero reporta pérdidas millonarias por los desvíos obligados hacia puertos alternativos. Pero en la realidad del día a día, nadie habla de cifras nacionales. La preocupación es más cruda: cómo comer mañana.
Por eso levantaron las talanqueras y se tomaron el peaje. Las comunidades advierten que seguirán en pie de lucha hasta que el puente vuelva a unir no solo dos departamentos, sino la economía y la esperanza de toda la Troncal del Caribe, hoy suspendida entre promesas oficiales y el hambre creciente de quienes viven del camino que dejó de existir.
Fuente original: El Tiempo - Colombia

