Descubren el canto de una rana amazónica en Huila: señal de ecosistemas saludables

Investigadores y comunidades locales en Acevedo, Huila, registraron por primera vez en Colombia el canto de la rana Osteocephalus omega, una especie arborícola que solo vive en ambientes ecológicamente sanos. El hallazgo aporta información científica inédita sobre reproducción y comportamiento de esta rana. Su presencia indica que los bosques, quebradas y cafetales bajo sombra de la región mantienen buena calidad ambiental y pueden ser modelo de coexistencia entre agricultura y conservación.
Un sonido nunca antes grabado en Colombia ha abierto nuevas puertas al conocimiento científico en las montañas húmedas del Huila. En el municipio de Acevedo, investigadores junto con habitantes de la zona lograron documentar por primera vez en el país el canto de la rana Osteocephalus omega, una pequeña especie de rana arborícola cuya vocalización no había sido registrada hasta ahora en territorio nacional.
La rana Osteocephalus omega se reconoce por sus ojos dorados cruzados por una franja negra, piel granulada de tonos café y un tamaño mediano que oscila entre cuatro y cinco centímetros. Aunque ya había sido identificada previamente en Colombia, nunca se había logrado grabar su canto. Este registro es importante porque los anfibios actúan como bioindicadores altamente sensibles a los cambios ambientales, dependiendo de agua limpia, cobertura vegetal y microclimas estables para sobrevivir. Su presencia y comportamiento vocal revelan la buena calidad ecológica de quebradas, bosques ribereños y cafetales bajo sombra presentes en Acevedo.
El descubrimiento fue posible gracias al trabajo sistemático de comunidades locales que durante años han observado y documentado la biodiversidad en sus bosques. Grupos como la Asociación Ambiental y Agropecuaria EcoSan Luis y el Grupo de Monitoreo Comunitario de Biodiversidad YaguaEte lideraron gran parte de las jornadas de observación. Según Alessandro Tapiero, integrante del grupo Ecosan, "la armonía entre agricultura y conservación ha permitido que especies sensibles como esta rana encuentren refugios saludables. Donde se protege el agua, el bosque y el suelo, la biodiversidad responde".
Este registro acústico aporta datos científicos nuevos sobre el comportamiento reproductivo de la especie, su uso del hábitat y su presencia en paisajes donde conviven la producción agrícola y la conservación. Entre 2021 y 2025, las actividades de monitoreo desarrolladas en Huila y Cauca comenzaron a llenar vacíos de información sobre anfibios poco conocidos. El registro no requiere capturar individuos, lo que facilita la detección, permite estimar abundancias e identificar épocas reproductivas.
La historia de esta rana en la ciencia es reciente. Los primeros ejemplares fueron recolectados en Putumayo en 1974 pero permanecieron más de 45 años en colecciones biológicas sin ser identificados. Solo en 2019 se confirmó su clasificación y recibió oficialmente el nombre de Osteocephalus omega. Actualmente se conoce su presencia en Putumayo, Caquetá y Huila, entre los 450 y 1.900 metros de altitud.
Sin embargo, persisten vacíos sobre su reproducción, comportamiento nocturno y estado poblacional. Aunque aún no ha sido evaluada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, la organización Conservación Internacional Colombia advierte que enfrenta amenazas derivadas de la deforestación, el uso inadecuado de agroquímicos y la degradación de fuentes hídricas. Por eso hacen un llamado a caficultores, comunidades rurales y autoridades ambientales para fortalecer los monitoreos nocturnos, el registro de cantos y la protección de corredores ribereños que son fundamentales para la conservación de esta especie y la biodiversidad del Corredor Andino Amazónico.
Fuente original: El Tiempo - Vida