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Descubren Betoma: una red ancestral 40 veces más grande que Ciudad Perdida en la Sierra Nevada

Fuente: El Colombiano - Tendencias
Descubren Betoma: una red ancestral 40 veces más grande que Ciudad Perdida en la Sierra Nevada
Imagen: El Colombiano - Tendencias Ver artículo original

Arqueólogos documentaron Betoma, una extensa red de poblados indígenas en la Sierra Nevada de Santa Marta que se extiende 18 kilómetros y contiene miles de estructuras antiguas. El hallazgo, considerado el más importante del siglo XXI en Colombia, revela que los pueblos tayrona no vivían en centros aislados sino en comunidades interconectadas sin jerarquía central aparente. La investigación, que combinó trabajo de campo y tecnología Lidar, plantea nuevas preguntas sobre cómo estos pueblos lograron una organización social sostenible durante siglos.

En el corazón de la Sierra Nevada de Santa Marta, uno de los ecosistemas más ricos del país, yace uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de las últimas décadas. Se llama Betoma y es una red de poblados antiguos que desafía todo lo que se creía saber sobre cómo se organizaban los pueblos indígenas colombianos. El descubrimiento fue documentado por el investigador Daniel Rodríguez Osorio, quien durante años rastreó las huellas de civilizaciones pasadas en esta región montañosa del norte colombiano.

Para entender la magnitud de lo encontrado, hay que partir de lo conocido. Ciudad Perdida, el famoso parque arqueológico construido por los tayrona entre los años 650 y 800 d.C., es un sitio que demanda una caminata de cuatro a cinco días para alcanzarlo, con la dificultad adicional de superar más de mil escalones. Era considerado uno de los centros políticos y espirituales más importantes de esa civilización. Pues bien, Betoma es 40 veces más grande que Ciudad Perdida. Se extiende a lo largo de 18 kilómetros en la cuenca alta de la quebrada La Aguja y otras fuentes hídricas de la zona.

Lo fascinante de Betoma no es solo su tamaño, sino su estructura. No se trata de una ciudad monumental con un núcleo central de poder, como se pensaba que eran los asentamientos antiguos importantes. Al contrario, "Betoma demuestra que ese no era un caso aislado, sino parte de un territorio mucho más amplio, densamente habitado y articulado. En ese sentido, Betoma no es una ciudad monumental concentrada en un solo núcleo, sino una conurbación: una extensa red de poblados interconectados, sin un centro primario aparente", explicó Rodríguez. Esto significa que múltiples comunidades vivían conectadas por senderos compartidos, sin que existiera un cacique o jefe supremo que las gobernara desde un solo lugar.

El trabajo de documentación comenzó en 2019, cuando Rodríguez inició un registro riguroso de las características del terreno. Junto con Elver Enrique Osorio, un campesino local conocido como Kike, rastreó miles de terrazas, que son plataformas de piedra construidas por los antiguos pobladores que servían como espacios para ceremonias, caminos o bases de viviendas. En la parte alta de la quebrada La Aguja encontraron 1.272 terrazas, a las que se sumaban 678 más en la zona de Río Frío. Todo esto se logró inicialmente caminando y observando con cuidado el terreno.

El panorama cambió dramáticamente en 2024, cuando Rodríguez incorporó tecnología Lidar, un sistema que se monta en drones y permite crear mapas en tres dimensiones de estructuras ocultas bajo la vegetación. Con esta herramienta, el equipo documentó 8.334 estructuras en total, lo que reveló la verdadera magnitud de la red de poblados. Se cree que Betoma comenzó a poblarse en el siglo V, pero alcanzó su mayor densidad de habitantes entre los siglos XIV y XVI.

Para comprender por qué este descubrimiento es tan relevante, basta compararlo con otros sitios arqueológicos famosos. Machu Picchu, la ciudad perdida de los incas en Perú, y Teotihuacán, en México, son consideradas grandes hallazgos, pero resultan mucho más pequeñas que Betoma. Steve Kosiba, profesor de antropología de la Universidad de Texas que ha estudiado el sitio, lo describe así: "Estamos frente a un tipo de megasitio poco comprendido: extensos sistemas de asentamientos conectados entre sí por caminos compartidos, pero sin un rey, cacique o jefe central. La evidencia arqueológica sugiere que estas poblaciones habitaron el territorio durante cientos, si no miles, de años, lo que abre preguntas cruciales sobre su sostenibilidad ambiental y organización social a largo plazo".

Este hallazgo marca el inicio de una nueva etapa investigativa. Instituciones como la Universidad de Texas, Harvard, la Universidad Nacional de Colombia y el Banco de la República respaldan los trabajos en curso. El objetivo no es simplemente catalogar ruinas, sino responder preguntas fundamentales sobre cómo los pueblos indígenas colombianos lograron vivir de forma organizada, equitativa y sostenible durante siglos, mucho antes de la llegada de los conquistadores. Betoma nos invita a repensar la historia de Colombia desde sus raíces más profundas.

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