Descorruptizar a Colombia: la tarea que va más allá de la moral en tiempos electorales

La corrupción en Colombia no se combate solo con discursos de rechazo moral, sino con acciones concretas que comiencen en cada ciudadano. Durante campañas electorales abundan los ataques entre candidatos, pero falta una cultura real de transparencia que reconozca que robar es robar, sin importar quién lo haga o cuánto sea. Descorruptizar el país exige dejar atrás divisiones políticas, venganzas personales y corruptelas de barrio para enfocarse en lo constructivo.
En Colombia hablamos mucho de la corrupción. Como sociedad nos expresamos con rechazo contra los actos que consideramos deshonesto, inmoral o perverso. Pero aquí está el problema: condenar a los demás no inmuniza la corrupción. Según la columnista Fabrina Acosta Contreras, en tiempos electorales es común escuchar más ataques que propuestas claras, y se establecen posturas moralistas de supuesta perfección que solo satisfacen la necesidad de tener la razón.
No es suficiente reconocer que robar es corrupción si después acomodamos las razones para condenar o absolver según nos convenga. Cuando el amigo, el compadre o el familiar comete un delito, la corrupción sigue siendo corrupción. Como dice Acosta, "CORRUPCIÓN es CORRUPCIÓN, y no puede disfrazarse de aprobación si es el compadre, el amigo o el familiar quien comete dicho delito". Tampoco importa si supuestamente las intenciones son las mejores o si alguien "roba pero hace". Robar es matar esperanzas, privar a muchos de sus derechos e incrementar brechas sociales y violencias.
El impacto de la corrupción es mayor de lo que creemos. No se trata solo de grandes obras desfalcadas. También está la resma de papel que cualquier funcionario toma de una oficina pública, el engaño cotidiano, sacar provecho particular a costa del colectivo. Todo acto corrupto, desde cualquier lado que venga, es grave.
Descorruptizar significa crear una cultura de transparencia donde todos tenemos herramientas para frenar la deshonestidad. Implica también dejar de actuar con odios y retaliaciones, de buscar perseguir al que no nos dio un contrato o de alegrarse porque destituyen al adversario político. En La Guajira, como en el resto del país, estas prácticas gastan energía en cortinas de humo mientras la inseguridad y la pobreza extrema avanzan.
Los colombianos falta que aprendamos a dejar de atacarnos como "caníbales primitivos" que solo buscan satisfacer necesidades particulares sin importar el daño a otros. Las crisis política, social y económica no pueden ser un simple "boom" mediático mientras ignoramos lo fundamental. La ciudadanía debe pasar del señalamiento a las acciones transformadoras, porque no hacer nada también cuenta como corrupción.
Fuente original: Guajira News


