Del Paramillo a las aulas: líderes comunitarios enseñan que la paz se construye desde la cultura

Tres líderes del Nudo del Paramillo visitaron la Universidad de Córdoba en Montería para compartir con estudiantes sus historias de resistencia y construcción de paz desde el territorio. A través del arte, la educación y la memoria, estos maestros comunitarios han transformado vidas en regiones históricamente olvidadas. El encuentro evidenció que iniciativas culturales como escuelas de arte y bibliotecas humanas son herramientas clave para reconstruir el tejido social.
Cuando la paz se construye lejos de las cámaras de televisión y los discursos políticos, sucede algo que pocas universidades alcanzan a documentar. En Montería, la Universidad de Córdoba abrió las puertas de sus aulas para que tres líderes del Nudo del Paramillo compartieran directamente con estudiantes lo que han aprendido en años de trabajo comunitario. Diego Alejandro Romero Santos, Javier Molina Polo y Mario Molina Echavarría llegaron con sus historias bajo el brazo, sin pretensiones académicas, pero con una autoridad que solo da la experiencia vivida en territorios que la mayoría de nosotros desconoce.
Lo que pasó en ese encuentro fue más que un homenaje a líderes locales. Fue un recordatorio incómodo de una verdad que a veces olvidamos en las ciudades: en zonas como el Paramillo, la educación y el arte no son lujos ni pasatiempos. Son herramientas de supervivencia. Algunos de estos maestros enseñan acordeón en comunidades indígenas Emberá, otros resguardan y transmiten saberes ancestrales sobre los ríos, la tierra y los cambios que el tiempo ha dejado en el territorio. En medio de condiciones complejas, han logrado sembrar procesos de identidad y paz que funcionan.
El momento que más marcó a los presentes fue cuando Mario Molina, un hombre de 76 años que la Universidad describió como un "libro humano", narró su experiencia en la vereda Zancón. Con la precisión de quien ha pasado décadas observando, habló del territorio, de cómo cambian los ríos, de cómo se mueve el ambiente. Su memoria no estaba en un archivo digital ni en un libro de texto. Estaba viva, encarnada en sus palabras, conectando a estudiantes universitarios con una realidad que rara vez traspasa las fronteras de esas regiones apartadas.
Lo que este encuentro dejó al descubierto es que en el Paramillo hay procesos reales ocurriendo. Escuelas de arte, bibliotecas humanas, iniciativas culturales que no aparecen en los grandes titulares pero que transforman vidas todos los días. Mientras el país debate sobre la paz en los auditorios, estos tres líderes ya la están construyendo desde abajo, desde la música, desde la memoria, desde la educación que no necesita presupuesto millonario sino voluntad de comunidad.
El mensaje que dejaron los maestros del Paramillo fue cristalino: la paz no solo se firma en papeles ni se negocia en mesas. La paz se enseña, se canta, se transmite de generación en generación. Y ocurre especialmente en los territorios que históricamente han estado en la sombra, en esos lugares donde pocos llegan a mirar pero donde la gente nunca ha dejado de luchar.
Fuente original: Chicanoticias
