¿Debe preocuparse Colombia por el hantavirus? Un experto da la respuesta

El reciente brote de hantavirus en un crucero internacional mantiene en alerta a la región, pero un microbiólogo colombiano que lleva más de dos décadas investigando estos virus asegura que el riesgo en el país es bajo. Aunque el hantavirus circula en Colombia desde hace años, la variante que predomina aquí es menos agresiva que la detectada en el brote del crucero. Los expertos recomiendan fortalecer la vigilancia y las medidas de prevención, especialmente el control de roedores en viviendas.
El brote de hantavirus detectado en el crucero MV Hondius, que ha dejado ocho casos con tres muertes confirmadas, encendió las alarmas a nivel mundial después de que la Organización Mundial de la Salud identificara que se trataba del virus de los Andes, la única variante capaz de transmitirse entre personas. Esta noticia ha generado inquietud en toda la región, pero según el doctor Salim Mattar Velilla, microbiólogo y director del Instituto de Investigaciones Biológicas del Trópico de la Universidad de Córdoba, es importante analizar el riesgo de manera cuidadosa y basada en evidencia.
"Los hantavirus son virus de ARN que se transmiten principalmente por las secreciones de roedores silvestres", explicó Mattar en entrevista con EL TIEMPO. Lo importante es entender que estos roedores viven en zonas específicas del territorio y generalmente no tienen contacto con grandes concentraciones de personas, lo que limita significativamente la capacidad del virus de propagarse de manera masiva. Mattar fue enfático al afirmar que "su probabilidad de diseminación es muy baja" y que no se comporta como otros virus respiratorios que pueden generar epidemias.
El virus de los Andes, presente en el brote del crucero, es considerado la variante más peligrosa dentro de la familia de los hantavirus. Esta cepa predomina en el Cono Sur y presenta una tasa de mortalidad que puede superar el 30 por ciento en ciertos contextos. Su característica más preocupante es que es la única en la que se ha documentado transmisión entre humanos a través del contacto directo con fluidos corporales. Brotes ocurridos en Argentina en 1996 y entre 2018 y 2019 confirmaron esta capacidad de propagación en entornos sociales, obligando a implementar protocolos de aislamiento más estrictos.
En cuanto a Colombia, la situación es diferente. Investigaciones del experto han documentado la presencia del hantavirus en el país desde 2004, tanto en roedores como en personas. Sin embargo, Mattar subraya que "sí hay circulación y está comprobado que en Colombia existen los hantavirus", pero la variante que predomina aquí parece ser menos virulenta, similar a la cepa choclo identificada en Panamá. En los casos documentados en Córdoba y la Orinoquía, los pacientes presentaron síntomas respiratorios y fiebre que evolucionaron de manera favorable, sin necesidad de cuidados intensivos.
Para Mattar, el hantavirus debe entenderse simplemente como una más de las múltiples causas de fiebre en Colombia, no como una amenaza emergente incontrolable. El principal desafío para el país está en la detección y vigilancia. Como se trata de una enfermedad que se transmite de animales a humanos, el enfoque preventivo debe centrarse en el manejo de roedores y las condiciones sanitarias en las viviendas. Durante una rueda de prensa, Mattar enfatizó que "la alerta en salud pública es evitar la entrada de roedores a las viviendas, mantener los espacios limpios y bien ventilados".
El investigador también advirtió que Colombia necesita fortalecer su vigilancia epidemiológica y mejorar los diagnósticos diferenciables entre enfermedades, porque muchos cuadros febriles que se atribuyen al dengue podrían corresponder a otros patógenos como la leptospirosis o el hantavirus. Estudios realizados en Córdoba encontraron exactamente esto: que no todos los casos febriles eran dengue.
El consenso entre los expertos es claro: el hantavirus está presente en Colombia pero el riesgo para la población general sigue siendo bajo. La clave está en no subestimar la enfermedad ni sobredimensionar sus efectos. Si no hay investigación y vigilancia continuas, el país podría no estar preparado para contener posibles cambios en el comportamiento del virus o la introducción de cepas más virulentas.
Fuente original: El Tiempo - Salud