De Barranquilla a Berlín: la ingeniera que ayuda a llevar humanos a la Luna

Heylen Polo, ingeniera mecánica barranquillera, trabaja en Alemania en un proyecto aeroespacial vinculado a la misión Artemis II de la NASA. Su camino no fue directo: pasó por minería en Colombia, trabajó en un call center, aprendió alemán y venció barreras de discriminación en una industria dominada por hombres. Hoy es gerente de misión en NeuroSpace y coordina la construcción de un satélite que participará en la histórica misión lunar.
Hace apenas unos años, Heylen Polo miraba las estrellas desde el planetario de Barranquilla como una niña fascinada por lo imposible. Hoy, a los 35 años, esa niña se convirtió en ingeniera y está en Berlín ayudando a que la humanidad regrese a la Luna. Su historia es la de alguien que no dejó que la distancia geográfica o las barreras de una industria cerrada detengan su sueño.
La ruta de Heylen no fue la que aparece en los libros de heroísmo. Después de graduarse en 2012 como ingeniera mecánica de la Universidad del Atlántico, pasó cuatro años trabajando en minería para una empresa que representaba a Caterpillar. Fue experiencia valiosa, pero su brújula apuntaba a otro lado. En 2018, gracias a un crédito de Colfuturo, se fue a Alemania a hacer una maestría en la Universidad Técnica de Berlín. Eso marcó un giro, pero los giros no son automáticos.
Cuando terminó sus estudios, enfrentó lo que pocas historias de éxito cuentan: el rechazo y la frustración. Pasó casi un año sin conseguir trabajo en el sector aeroespacial. Las barreras eran varias. Primero, el idioma. En Alemania el inglés no siempre es suficiente; necesitaba alemán para trabajar profesionalmente. Segundo, la industria espacial y aeroespacial está ligada al sector defensa, lo que hace difícil la entrada incluso para ciudadanos del país. Como extranjera, el camino era aún más estrecho. Durante ese año difícil, Heylen trabajó en un call center de Facebook mientras seguía estudiando alemán y mandando hojas de vida. No se rindió.
La puerta se abrió cuando Rolls-Royce la contrató como ingeniera analista en el área eléctrica y propulsión. Era su primer acercamiento real al sector que soñaba. Después pasó por un laboratorio donde hacía pruebas de vibración a componentes de satélites, lo que la acercó directamente al hardware espacial. Eso la llevó a NeuroSpace, la empresa donde hoy es gerente de misión. Allí participa en la construcción de un satélite que forma parte de la cooperación internacional asociada a Artemis II. No es un contrato directo con la NASA, sino una participación en los acuerdos entre países. Alemania entrega esa carga secundaria, y dentro de ese satélite está el trabajo de Heylen y su equipo.
Cuando se le pregunta qué es lo más difícil para una mujer en una industria dominada por hombres, Heylen reflexiona sobre la confianza en sí misma. "A veces cuesta levantar la voz, decir algo, participar sin miedo a equivocarse", dice. Sin embargo, nota algo interesante: en congresos internacionales del sector espacial, Colombia tiene una presencia visible de mujeres ingenieras, lo que sugiere que el talento existe pero no siempre encuentra espacios visibles en casa.
Su mensaje para Colombia es directo. Dice que las instituciones del país deberían participar en propuestas de investigación de agencias espaciales como la NASA, porque muchas están abiertas a la cooperación internacional. "No se trata solamente de decir que Colombia no tiene industria espacial, sino de construir capacidades", explica. Para Heylen, el sector espacial no es solo investigación abstracta: es mercado, tecnología, desarrollo y soberanía digital.
Ahora, mientras coordina un proyecto que llevará humanos nuevamente cerca de la Luna, Heylen piensa en el siguiente paso. Le gustaría participar en la construcción de puertos espaciales. La niña que miraba estrellas desde Barranquilla no solo alcanzó a tocarlas. Está ayudando a otros a llegar más lejos.
Fuente original: El Tiempo - Tecnosfera

