Congreso en marzo, Presidente en mayo: por qué Colombia vota en dos fechas distintas
El Código Electoral separa las elecciones legislativas de las presidenciales en Colombia. Mientras el Congreso se elige el 8 de marzo de 2026, el Presidente será elegido el 31 de mayo. Esta separación obedece a razones administrativas y tiene efectos políticos importantes: reduce el "arrastre" que un candidato presidencial ejerce sobre los votos legislativos, obligando a negociaciones más explícitas entre partidos y evitando que el próximo presidente tenga automáticamente mayoría en el Legislativo.
En Colombia votamos en tiempos separados. No es casualidad ni capricho: el Código Electoral define que eligamos Congreso en marzo y Presidente en mayo. Esta regla, que se mantiene para 2026, explica decisiones que van desde lo logístico hasta lo político, e influye profundamente en cómo se negocia el poder en el país.
La Registraduría Nacional del Estado Civil ya lo confirmó: el Congreso de la República se elige el 8 de marzo de 2026, mientras que la primera vuelta presidencial será el 31 de mayo. Aunque la Constitución no fija fechas exactas para estas elecciones, el Código Electoral estipula que las corporaciones públicas se eligen el segundo domingo de marzo y la Presidencia el último domingo de mayo. Con esa regla clara, el calendario está trazado.
Desde lo administrativo, la separación de fechas tiene su lógica. El Congreso debe estar instalado el 20 de julio según la Constitución, y la posesión presidencial ocurre el 7 de agosto. Elegir primero a los congresistas le da tiempo a la administración electoral para hacer escrutinios, procesar reclamaciones y asignar las curules definitivas antes de que el Legislativo abra sus puertas. Además, mantener tarjetones diferentes para Senado, Cámara y Presidencia divide el trabajo logístico y de seguridad en dos momentos, simplificando operativamente una jornada electoral.
Pero lo interesante ocurre en la cancha política. Cuando los países votan Presidente y Congreso el mismo día, suele suceder lo que los estudiosos llaman "arrastre": el candidato presidencial ganador arrastra votos hacia los candidatos legislativos de su partido o coalición. Esto crea un Congreso más alineado con el Ejecutivo. En Colombia, al separar las fechas, ese efecto disminuye dramáticamente. El electorado vota Congreso sin que un candidato presidencial aún electo le "ordene" el voto. Luego, cuando llega mayo, el panorama legislativo ya está definido.
Esto tiene consecuencias reales. En marzo se conocen cuáles son las bancadas con poder real, qué partidos llegan fortalecidos y quiénes tienen capacidad de veto. Ese tablero ya armado es el que los candidatos presidenciales deben enfrentar en mayo. Un candidato sin respaldo legislativo sólido se verá obligado a hacer coaliciones explícitas. Los partidos medianos o pequeños, que en otros sistemas pueden desaparecer en una onda presidencial, aquí se vuelven piezas clave para la gobernabilidad.
Para 2026, esto significa que el nuevo Presidente probablemente no llegará al poder con una mayoría automática en el Congreso. Tendrá que negociar, hacer acuerdos y buscar respaldo desde el primer día. Es una configuración que obliga a la construcción de consensos desde el inicio, lo que para algunos es garantía de estabilidad y para otros, una fuente de bloqueos legislativos. Lo que es cierto es que en Colombia el poder no se concentra fácilmente: primero los ciudadanos definen el Congreso, luego, con ese Congreso ya visible, eligen Presidente.
Fuente original: KienyKe - Portada